Adolfo Lorente-El Correo
No hay nadie mejor que Pedro Sánchez para marcar la agenda a su conveniencia. Ahora, ocho años después de llegar a La Moncloa, toca hablar del 23-F.
Así que en eso estamos, desentrañando unos documentos que pese a lo que muchos se imaginaban cuando Moncloa anunció la iniciativa, la gran conclusión es que el Rey Juan Carlos fue el hombre clave que paró el golpe.
Pero dejemos 1981 y volvamos a 2026. La realidad es que en el Congreso que asaltó Tejero pistola a mano no se aprueba media ley ni por casualidad, como acaba de evidenciarse con la caída del llamado escudo social.
El Gobierno de coalición carece de mayoría porque Carles Puigdemont ha decidido boicotear la gobernabilidad de Pedro Sánchez pese a las muchas cesiones que Sánchez se ha visto obligado a darle para poder seguir en Moncloa.
Un chantaje de manual que por sus lares también está sufriendo el PP de Alberto Núñez Feijóo con Vox como protagonista.
Ahí tienen el bloqueo de Extremadura, las dudas de Aragón y los muchos vaivenes de Feijóo cuando le preguntan por su relación con la extrema derecha…
La realidad es que Abascal marca el paso y Feijóo sigue sin saber cómo gestionar una situación que le incomoda sobremanera.
El panorama es desolador. Puigdemont y Abascal representan a la perfección la maldición del perro del hortelano que maniata a la política española. Ni hacen ni dejan hacer. Y lo que es peor. Ni harán ni dejarán hacer.
Llámenme loco, ¿pero se imaginan que ante este escenario, el PSOE y el PP, Sánchez y Feijóo, que representan a más del 75% de la población, se sientan a hablar de vivienda, de educación o de empleo para intentar pactar algo? ¿Se imaginan?
Me temo que lo único que seguiremos escuchando son los ladridos del perro del hortelano.