Pablo Sebatián-Vozpópuli

  • Embarrar y tapar, objetivo primigenio de Sánchez al descalificar los papeles del 23-F. El tiro por la culata

Ha sido Javier Cercas, autor de Anatomía de un instante, quien ha puesto el balón a su amigo Pedro Sánchez en el punto de penalti para desclasificar, 45 años después, todos los documentos del golpe de Estado del 23-F que estaban bajo secreto oficial y que ya se pueden consultar en la web de La Moncloa. Sánchez recogió el guante de Cercas con el doble objetivo de embarrar y tapar, en los medios y la política, su difícil situación política, judicial y electoral y, a la vez en la creencia que dichos documentos incluirían datos y conversaciones para implicar de alguna manera al Rey Juan Carlos I en el golpe, como el pretendido ‘elefante blanco’. El que, tras el asalto y el control del Congreso por el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, debía dirigirse a los diputados que allí estaban secuestrados para proponer la formación un gobierno de unidad nacional presidido por el general Armada.

Fue el capitán de la Guardia Civil, Muñecas Aguilar, quien informó a los diputados que se esperaba la llegada inminente de la ‘autoridad competente, militar, por supuesto’. Es decir el jefe máximo del golpe de Estado al que se había calificado como el ‘elefante blanco’. Y que, desde luego, no era el Rey Juan Carlos. Como ahora lo han confirmado los documentos desclasificados donde incluso se afirma que los golpistas culparon del fracaso al hecho de ‘haber dejado en libertad al Borbón’. Y añadieron: ‘Era un objetivo a abatir y a anular’.

«Depón tu actitud»

De manera que dichos documentos han certificado que el hoy Rey Emérito fue quien hizo fracasar el golpe de Estado. Entre otras cosas, impidiendo que el general Armada fuese al Palacio de la Zarzuela -‘ni está ni se le espera’, dijo Sabino Fernández Campo, entonces secretario de la Casa Real- al general Yuste de la brigada acorazada de Brunete. De igual manera que fue Sabino (que además era general) quien, por teléfono, dio la orden tajante a Tejero para que ‘depusiera su actitud’ y no utilizara el nombre del Rey, a lo que Tejero se negó diciendo que él solo recibía órdenes del teniente general Miláns del Bosch.

O sea, que el tiro de Sánchez al pretendido ‘elefante blanco’ le salió al presidente por la culata. Y ahora todo apunta a que el paquidermo golpista fue el general Armada quien sí intentó entrar en el Congreso para proponer un ‘gobierno de unidad nacional, que presidiría él mismo. Lo que Tejero no consintió al ver la lista del gobierno de Armada donde incluía  socialistas y comunistas como González, Mújica, Sole Tura y Tamames, diciéndole a Armada: ‘Para esto no hemos tomado el Congreso’. Otro candidato al título de elefante blanco lo fue el teniente general Fernando De Santiago, personaje muy ligado a las distintas tramas golpistas que el 8 de febrero publicó en el diario El Alcázar un artículo titulado ‘Situación límite’ que era una invitación al golpe de Estado. Pero que al escuchar en la radio los disparos en el Congreso le hicieron desistir de cualquier iniciativa y se quedó en su casa, sin actuar en la asonada. O en los distintos golpes de Estado que desde el otoño de 1980 se estaban fraguando en distintas instancias políticas y militares, como se desprende de los documentos desclasificados que hablan del ‘golpe blando’ de Armada, Milans y Tejero, y de otras dos presuntas intentonas de ‘los coroneles’ o de ‘los tenientes generales’.

Sin embargo, la pieza maestra de los papeles desclasificados del 23-F es la conversación, a la 1,20 de la madrugada del 24-F, del Rey Juan Carlos I con el teniente general Milans del Bosch que había sacado los tanques de la división Maestrazgo a las calles de Valencia, región de la que era capitán general. Y al que el Rey le dijo (y luego se lo envió por escrito) lo siguiente:

“1.-Afirmo mi rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás. 2.-Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra el Rey. 3.- Hoy más que nunca, estoy dispuesto a cumplir el juramento a la Bandera. Por ello, muy conscientemente y pensando únicamente en España, te ordeno que retires todas las unidades que hayas movido. 4.-Te ordeno que digas a Tejero que deponga inmediatamente su actitud. 5.- Juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España. Quien se subleve, está dispuesto a provocar, y será responsable de ello, una nueva guerra civil. 6.-No dudo del amor a España de mis generales. Por España, primero, y por la Corona, después, te ordeno que cumplas cuanto te he dicho«.

Ahí está todo, en línea con el mensaje televisado del Rey a los españoles que se emitió mientras daba las órdenes a Milans del Bosch, lo que puso fin al golpe de Estado. Al tiempo que se convertía en la prueba decisiva de la absoluta lealtad del Rey Juan Carlos I a la Constitución, contra los golpistas y en defensa de la democracia y de las libertades. Las que en ningún momento del golpe fueron suspendidas, como muy bien subrayó el ex primer presidente del Tribunal Constitucional, el republicano, Manuel García Pelayo.

La traición de Armada

El general Alfonso Armada vio en los ‘ruidos de sables’, que no paraban de crecer en el otoño de 1980 entre altos mandos militares, por los feroces ataques de ETA, los tensos incidentes en Guernica durante la visita del Rey, y los resquemores aún latentes por la legalización del PCE. Lo que le dio a Armada la oportunidad de presentarse, reiteradamente, ante el Rey Juan Carlos I, del que había sido su mentor y profesor, como la persona idónea para reconducir la situación militar. A lo que, además, se añadió el odio visceral de Armada a Adolfo Suárez que lo había cesado de su cargo como secretario de la Casa Real para sustituirlo por el general Sabino Fernández Campo.  El mismo Suárez que, en 1980, expulsó a Armada de una reunión a tres en el despacho del Rey en Zarzuela, ante el asombro del monarca que le pidió explicaciones a Suárez, quien le dijo al Rey: ‘Señor Armada ha hablado de su muy particular visión de España y un general que tiene una especial visión de España que es ajena a la Constitución es un golpista’.

Posteriormente, Suárez cesó a Armada como segundo jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra y lo destinó a Lérida al mando de las tropas de ‘alta montaña’, lo que para Armada constituyó una humillación así como un aliciente para seguir empeñado en su gobierno golpista. Fue en Lérida donde se reunió con los dirigentes socialistas Múgica y Raventós, a los que les habló, tras asustarlos con el ruido de sables, de su plan de gobierno de unidad nacional.

Infames intrigas liberales

Pero el general golpista también mantuvo en Lérida contacto con el Rey durante las vacaciones del monarca en Baqueira Beret y ambos cenaron juntos el 6 de febrero (fecha en que falleció la reina Federica de Grecia, madre de la Reina Sofía,quien debió regresar a Madrid, de urgencia). Una cena en Baqueira que duró hasta entrada la madrugada en la que Armada alertó nuevamente al Rey de los rumores golpistas en el Ejercito, para ‘venderle’ otra vez su plan de gobierno de unidad nacional presidido por él, una vez que Adolfo Suárez ya había dimitido el 29 de enero, presionado por la tensión de ETA, por el propio monarca -que ya pensaba en Calvo Sotelo, por el PSOE que le puso una moción de censura y por infames intrigas de los liberales y democristianos en su partido, la UCD.

Lo que facilitó que Armada regresara a la jefatura del Estado Mayor del Ejército que presidía el teniente general Gabeiras. Y desde ahí que consiguiera una nueva entrevista con don Juan Carlos I en la Zarzuela que se celebró el 13 de febrero, diez días antes del golpe. Y donde, al parecer, Armada insistió en la inminencia del golpe de estado militar (que estaba orquestando él mismo) y en la solución de su gobierno de unidad nacional. Sin embargo, el golpe fracasó y Armada fue marginado durante ese día por el Rey y no obedecido por Tejero, que fue quien dio el golpe y el que lo paró al impedir que Armada entrara en el hemiciclo del Congreso. Tejero falleció el pasado miércoles a los 93 años en el mismo día que se puso en marcha la desclasificacion de los documentos del golpe de Estado y al que los mandos golpistas dejaron ‘tirado como una colilla’ tal y como se lo dijo a Tejero su mujer, Carmen.

La implicación del Cesid

De manera que la desclasificación de los documentos del 23-F ha demostrado y puesto en valor el comportamiento del Rey Juan Carlos I frente a los golpistas. Y aunque todavía puede quedar alguna incógnita colateral por desvelar, como la actuación del Cesid en el golpe que controlaba el comandante Cortina y donde seis agentes colaboraron con Tejero, a quien Cortina deseó suerte en vísperas del golpe. Un Cortina que muy bien pudo hacer desaparecer los informes del Cesid y que ‘milagrosamente’ salió absuelto del juicio del 23-F.

En todo caso, estas importantes revelaciones del 23-F deberían ser una buena ocasión para que el Rey Felipe VI haga público un reconocimiento especial a su padre. El injustamente excluido de los recientes actos conmemorativos de la Constitución, y aún sometido a un infame ‘exilio’ en Abu Dabi que debería terminar antes de que sea demasiado tarde, por causa de la débil salud del Rey Emérito. El que debería regresar lo antes posible a Madrid, como ya lo ha pedido el líder de la Oposición, Alberto Núñez Feijóo. Aunque debería ser el Rey Felipe VI quien encabece dicha iniciativa para recomponer la relación con su padre y poner fin a una intolerable situación de don Juan Carlos I que el monarca actual nunca debió consentir