Álvaro Martínez-ABC

  • Pablo Bustinduy es según Rufián «una de las mejores cabezas de la izquierda» del plurinacionalismo ibérico

El Gobierno acaba de presentar un plan contra «la soledad no deseada» que no conviene echar en saco roto pues Sánchez es una autoridad, de alcance mundial, en la materia si tenemos en cuenta su situación en el Congreso: abandonado cual chucho en la parte de atrás de una gasolinera por sus socios parlamentarios e incluso, en algunos temas esenciales, por la parte restante de sus coaligados en el Ejecutivo. Y eso que Sumar es hoy por hoy un espantajo político, una sombra que desaparece, que se diminutiviza exponencialmente pues ya ha perdido hasta el nombre. En la refundación de la refundación de la refundación de esta extrema izquierda aún no saben ni cómo llamarse. ¿Nuevo Frente Amplio? ¿Amplio Frente Nuevo? ¿Frente Nuevo Amplio? ¿Amplio Nuevo Frente? «Always look on the bright side of life»… y arriquitaun.

Pablo Bustinduy es según Rufián (ese Francesc Macià de Hacendado) «una de las mejores cabezas de la izquierda» del plurinacionalismo ibérico, o de recebo. Y con semejante vitola intentó demostrarlo en la última rueda de prensa del Consejo de Ministros cuando presentó su pomposo Marco Estratégico Estatal de Soledades, que incluye una flamante «mesa interinstitucional para reforzar la coordinación en el seno de la Administración del Estado con el tercer sector», con el objetivo de «no dejar a nadie solo», que tanto recuerda a uno de los lemas más proverbiales (y mentirosos) del sanchismo («Nadie va a quedar atrás») durante la pandemia. Y lo que dejó fue más de cien mil muertos y un estropicio económico similar al que provocó la crisis financiera de doce años atrás, y eso que según Fernando Simón, el portavoz gubernamental durante el Covid, apenas se temían «un par o tres de contagios». Cráneo privilegiado, que diría el maestro del esperpento.

Sin llegar a la excelencia intelectiva que le atribuye el doble de Miguel Poveda [perdone usted maestro, pero se le parece una barbaridad a Rufián], es innegable que Bustinduy dio el cante. Es todo un erudito a la violeta, irremediablemente cursi, que todo lo embadurna de esa proverbial farfolla administrativista tan típica de la ultraizquierda, rascas y no hay nada. En política, todo lo que empieza como ‘marco estratégico’ tiende a la evanescencia, como cualquier ‘libro blanco’ de soluciones mágicas cuyas recomendaciones son sistemáticamente desatendidas o inaplicables.

En vez de por soleares (que viene de soledad), si de verdad quiere serle útil a los ciudadanos, a Bustinduy más le valdría arrancarse por carceleras (Ábalos o Cerdán), o por farrucas (por la insolente altanería del sanchismo), o por bulerías (que viene de bulla aunque suene a bulo) o por cualquier otro palo del flamenco. O sugerirle a Sánchez que para acabar con su penosa soledad parlamentaria convoque elecciones y termine de una vez con semejante tormento.