Editorial-El Correo
- La alerta por contaminación tras el escape de benceno en Petronor obliga a reforzar el protocolo de avisos y la prevención de incidentes
El escape de benceno registrado en Petronor ha mantenido en vilo a Muskiz y sus localidades próximas durante un largo día en el que han aflorado graves problemas de control público. Desde que se detectan oficialmente altas concentraciones por la fuga en un tanque de combustible –10.15 horas del jueves– hasta que el Gobierno vasco da por superada la alerta contaminante –14.00 horas del viernes–, el incidente pone de manifiesto la necesidad de mejorar los protocolos de emergencia. Para informar de forma más eficiente a la población y con el rigor que exige una crisis de ese calibre, potencialmente nociva para la salud. Y, sobre todo, para aumentar la prevención en una infraestructura tan sensible como es una refinería. Este tipo de accidentes, repetidos con diferente alcance en los últimos años, obliga a extremar el mantenimiento de la planta, con el objetivo de tener bajo control el riesgo de fallos en la actividad y a punto las medidas de corrección más adecuadas para contener eventuales daños.
Es comprensible la indignación de los vecinos, que anuncian protestas mañana, teniendo en cuenta que permanecieron en el filo durante al menos diez horas. Es la franja horaria que va desde la confirmación de las tasas de benceno por encima de cualquier límite, pero que no provocan ninguna medida extraordinaria de protección con el argumento de que las emisiones decaen, hasta la decisión aplicada en torno a las 21.00 horas del jueves de avisar a la población de la conveniencia de cerrar puertas y ventanas, y de evitar las actividades al aire libre al día siguiente. De confinarse al certificar un nuevo de pico del hidrocarburo, un peligro potencial para la salud en exposiciones muy prolongadas.
Realizar un llamamiento tan importante al vecindario con esa aparente tardanza y por la megafonía de la Policía Municipal, en vez de hacerlo desde el primer momento con los mecanismos previstos como las sirenas de los simulacros o los mensajes de ES-Alert a los móviles de los vecinos, revela una respuesta precaria para la dimensión cobrada por la alarma por contaminación. El incidente emplaza a Petronor y el Gobierno vasco a examinar su coordinación para redoblar las garantías de control de una refinería de 220 hectáreas que afronta retos como la descarbonización. De su funcionamiento, esencial por su repercusión laboral y fiscal para el conjunto de Bizkaia, depende la convivencia en Muskiz.