Iván Libreros-Vozpópuli

  • El caso de Javier Ortega Smith y José Ángel Antelo evidencia una lucha de poder en la que el núcleo cercano al presidente del partido lleva la delantera

«Si vienes a por el rey, será mejor que no falles«. La frase, pronunciada por el personaje de Omar Little en la maravillosa serie ‘The Wire’, evidencia una verdad indiscutible en político. Cuando miembros de un mismo partido cuestionan el liderazgo del cabeza de familia, la única vía para ‘sobrevivir’ es la victoria.

Casos recientes hay a patadas. Íñigo Errejón es, posiblemente, el más reciente e impactante de todos ellos. Tras presentarse a la Asamblea de Podemos en Vistalegre II como candidato a sustituir a Pablo Iglesias, acabó derrotado con estrépito y abocado a abandonar la formación, cincelando un tiempo después Más Madrid, de donde acabó repudiado por las acusaciones recientes de presunto acoso sexual, así como de la portavocía de Sumar.

Pablo Casado también recorrió la misma senda, aunque su caso fue más sangrante porque era presidente del PP y se enfrentó a Díaz Ayuso, presidenta autonómica. Sin embargo, cayó en el cajón del olvido para el resto de sus días como político. Susana Díaz, más de lo mismo, perdió su choque con Sánchez en el regreso de éste y ahora vive (muy bien) en el rencor.

En todos los partidos ha pasado, el método de la ‘purga’ es tan viejo como el mundo, y Vox no podía ser menos. Del partido fundado en 2013 por Vidal-Quadras, Ignacio Camuñas, Ortega Lara, González Quirós, Cristina Seguí y Santiago Abascal solo queda este último. Después, cuando la formación pasó del anonimato al éxito rotundo en su segunda etapa, lo hizo gracias a un grupo de personas muy válidas que ya no están en el partido.

Iván Espinosa de los Monteros, Macarena Olona, Rocío Monasterio, Sánchez del Real y Juan García-Gallardo fueron el último ramillete de personajes ilustres en salir, cada cual por sus razones y motivos. Ellos alegan distanciamiento, bunkerización de la cúpula y alejamiento de la realidad más terrenal. Una ‘purga’, si hablamos a las claras.

Crisis autonómica y encuestas disparadas

En Bambú, por el contrario, tienen motivos políticos, de gestión para descabezar de sus puestos a todos ellos. Sin embargo, la expulsión temporal de Ortega Smith del partido, noticia que contó en exclusiva este periódico, tras negarse a acatar la decisión del Comité Ejecutivo Nacional de abandonar la portavocía en el Ayuntamiento de Madrid, ha encendido una mecha que ha prendido por varios puntos de la Península.

En apenas una semana, Abascal y su entorno decidieron renovar al equipo del Consistorio, donde Arancha Cabello es la nueva favorita de Bambú, y la dirección en Murcia, donde la posición de José Ángel Antelo está muy debilitada. Tras una conversación entre Monserrat Lluis y el presidente en Murcia sobre su futuro, invitándole a dar un paso al lado por la «dinámica insostenible» que atraviesa el partido en Murcia.

De hecho, en la noche del jueves, el Comité Ejecutivo Provincial (CEP) de Vox en la Región de Murcia dimitió en cascada debido al «profundo desacuerdo» con la gestión de José Ángel Antelo, el presidente del partido en la región. Estas dimisiones tienen el objetivo de lograr que la dirección nacional del partido tome las riendas y resuelva los problemas internos de la formación en Murcia.

Dos crisis, palabra que gusta poco en Madrid, a nivel autonómico (y municipal) que evidencian fricciones dentro del partido, pero que acrecientan el poder de Abascal, quien tiene al partido en su mejor momento histórico, doblando escaños en todas las regiones donde concurre y con unas pretensiones de cara a las generales que le permitirían acometer los cambios que demanda la sociedad española.

Vox no romperá negociaciones en las autonomías…de momento

Con las conversaciones para cerrar pactos autonómicos en Extremadura y Aragón en pleno auge, el partido de Santiago Abascal cargó duramente el pasado lunes contra Feijóo por airear en los medios un documento sobre el marco negociador en las regiones.

Fue el propio presidente de Vox quien tildó de «incorrecto» el decálogo adoptado por el PP para pactar con su formación, alegando que parece que los ‘populares’ negocian «con salvajes» y tienen que «intentar domar». «La música me suena mal, es empezar con mal pie», lamentó. Unas palabras que cogieron con el paso cambiado a Génova, donde pensaban que la publicación de dicho escrito facilitaría las cosas.

Un enfado que caló hondo en la formación ultraconservadora, donde se ha instalado la creencia de que el PP intenta «tomarles el pelo» a «las primeras de cambio». Sin embargo, tal y como ha podido saber este periódico, Vox no tiene intención de romper la mesa de negociación con el PP, al menos por el momento. Eso sí, advierten desde Bambú, que «pactar en las autonomías les saldrá caro».

Una de las cosas que peor ha sentado en la dirección nacional de Vox es «la falta de discreción del PP», algo que esperan no se convierta en la tónica habitual a la hora de abordar estos procesos. Un ‘peaje’ que el Partido Popular tendrá que acometer si quiere ver a sus barones liderando la presidencia de las diferentes Comunidades Autónomas. Esa misma falta de discreción dio pie a cancelar la reunión prevista en Mérida el jueves, donde iban a participar de forma telemática varios miembros de peso en Génova como Miguel Tellado.

Un comienzo con «mal pie»

Pese al cabreo de Abascal y la cúpula, fuentes de Vox confirman que «las reuniones se van a producir», ya que el objetivo sigue siendo «cambiar todo», en referencia a la derogación del sanchismo en toda España. Decálogos al margen, una de las frases que más irritó fue la que abogaba por «defender la unidad nacional y la Constitución».

Algo que, apuntan desde el partido, cumplen de sobra cada día. «Empezamos mal y cabreados, pero solo eso», en referencia a que el sentimiento de dar la vuelta a la situación pesa más que cualquier problema de entendimiento. Unas negociaciones que ambas partes ven viables, pero que los dos lados entienden serán complejas y largas, como todas las que han acometido desde el pasado 28 de mayo de 2023, cuando la derecha dio un vuelco ideológico a la nación.