Jon Juaristi-ABC

  • Las universidades públicas vascas, entre el «irrintzi» (relincho) abertzale y el roznido estalinista
Nada se ha aprendido de la tragedia vasca. Durante más de medio siglo, entre 1971 y el presente, el campo abertzale se ha venido fragmentando incesantemente en grupúsculos y corpúsculos de grupúsculos: ETA, por supuesto, y sus organizaciones ancilares, que ya en la Transición habían devenido una sopa de siglas, pero también el PNV. Esta tendencia llevó al paroxismo lo que fue un achaque del nacionalismo vasco desde su origen. Sin embargo, lejos de debilitar a este y arrastrarlo a su desaparición, produjo todo lo contrario: una metástasis incontrolable que terminó por apoderarse de todo el electorado. Las opciones no nacionalistas de izquierda se fueron asimilando al nacionalismo hasta confundirse con él, y las de derecha se desvanecieron en ambas autonomías, vasca y navarra. El fenómeno nada tiene de misterioso: cada nueva escisión diversificaba la oferta y expandía el mercado nacionalista en su conjunto. Vascolandia, hoy más degradada, caótica y empobrecida que nunca, es homogéneamente ‘abertzale’. Líbrete el cielo de intentar ser otra cosa: quizá no te maten de un tiro en la nuca, pero te matarán de aburrimiento –en el mejor de los casos– o te sacarán de la calle a base de ‘kale borroka’ sostenida por las instituciones. Es lo que acaba de comprobar Vox en Vitoria, el pasado lunes, cuando su tentativa de dar un mitin en el campus de la Universidad del País Vasco (que, por cierto, ya no se llama así, sino Euskal Herriko Unibertsitatea, por decisión de sus autoridades) se saldó con la policía autónoma y una masa de asnos con chándal acorralando a la docena y media de asistentes a la convocatoria del partido de Abascal, ante los edificios de unas facultades donde se habían suspendido las clases por una decisión del rector y su banda para, en teoría, impedir males mayores. En la práctica, para consolidar y fortalecer, si hiciera falta, el dominio sobre el campus de las manadas abertzales y estalinistas.

El honor del gremio universitario vasco se hundió ya hace varias décadas. Alienta, con todo, una resistencia heroica en un puñado de profesores que siguen siendo prácticamente los mismos que en su día se opusieron a ETA. En el caso de Vitoria, se reduce a los docentes de la Facultad de Filología y Geografía e Historia del campus alavés que firmaron, la pasada semana, un manifiesto contra la cacicada rectoral que muy pocos medios vascos se atrevieron a publicar. No hay entre los firmantes ningún miembro de Vox. Son mis antiguos y queridos compañeros (algunos, antiguos alumnos míos) de la facultad que creamos y levantamos en su día contra ETA. Mi corazón está y estará siempre con ellos, pero no con la universidad pública vasca, regida hoy (es un decir) por un equipo rectoral de cobardes que tomó recientemente el relevo de otra (o sea, de la misma) basura antisemita.