Rebeca Argudo-ABC
Si yo fuese Belarra aprovecharía para negociar con refundadores y refundados antes del batacazo que se adivina
La renuncia de Yolanda Díaz a liderar la nueva alianza de las izquierdas en España es una buena noticia para Podemos pero una mala noticia para la comedia involuntaria. Perderemos con ella un gran activo para la coña marinera. Con sus maneras de Teletubbie vestido de Prada, con ondas al agua y mechas ‘balayage’, monísima hasta para hacer como que recoge cuatro pélets imperceptibles, no sé yo quién, a partir de ahora, nos va anunciar cosas chulísimas dirigiéndose a la nación como si todos tuviésemos ocho años o no fuésemos demasiado listos. Digo que para Podemos es una buena noticia porque la salida de la que fue puesta a dedazo por Iglesias (y luego le salió rana) era imprescindible para que lo que queda de la formación morada pueda, en un momento dado, plantearse entrar en esa colección de insignificancias aspirante a muleta del PSOE. Tampoco es que tengan muchas alternativas: o se unen al bocata de restos refundado o, de repetir en las elecciones de Castilla y León y Andalucía sus últimos éxitos (ha perdido todos los escaños en nueve autonomías ya), se resignan a la irrelevancia política. Si yo fuese Ione Belarra, esa especie de Monchito que se buscó el ex vicepresidente cuarto o quinto devenido en tabernero para hablarnos por su boca sin que se le vea a él mover la suya, aprovecharía para negociar con refundadores y refundados antes del batacazo que se adivina, no vaya a ser que, convertidos ya en pecio del pecio de lo que se dio en llamar Podemos, su presencia reste más que sume y les digan aquello de «contigo no, bicho». Pero mientras Podemos se hace la guapa sin pronunciarse sobre si va o viene, la incógnita es quién podría sustituir a Díaz al frente del nuevo viejo proyecto de refundar la alianza ya fundada (lo mismo con los mismos haciendo lo mismo). La altura política e intelectual no será un problema, como no lo serán las dotes para la oratoria, porque el listón lo deja tan bajo que podría uno elegir a cualquiera al azar mientras espera que el semáforo cambie a verde sin temor a no acertar, por mucho que aquellos a los que colocó en ministerios (y ni soñaron en verse en una de esas) repitan como papagayos que es la mejor ministra de trabajo de la historia de nuestra democracia. Una que no se sonroja al afirmar que el trabajo «desgasta y enferma», como si se hubiese hecho un lío y en lugar de como ministra de Trabajo se autopercibiese liberada sindical. Yolanda, digo, se va. Pero se queda. Nos ha escrito una carta, a lo Pedro Sánchez, para decirnos que renuncia, no a ver el sol cada mañana como le cantaría Pablo Milanés, sino a liderar el nuevo invento. Pero no renuncia a seguir en el ministerio, que le va el pisazo y los ‘outfits’ en ello. Tres folios para decirnos que se va pero se queda, que no somos nosotros. Que es ella. La turra de la ternura. Así es Yolanda: eternamente ella.