Editorial-El Correo
Las denuncias de los profesores de la UPV/EHU que se ven desprotegidos frente a las coacciones de grupos radicales de estudiantes han destapado un clima «irrespirable» de hostilidad en las aulas, que retrotrae al pasado más oscuro de Euskadi. Cuando la sociedad vasca avanza hacia la convivencia tras el final de ETA, resulta más inconcebible si cabe que la intransigencia rebrote en la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. Los docentes afectados no sólo se quejan de la cruda intimidación, sino de la falta de empatía y de una reprobación por parte del Rectorado hacia esa intolerancia. Al menos, con la misma contundencia con la que arremete contra la ultraderecha. Si el equipo rectoral que lidera Joxerramon Bengoetxea quiere refrendar su apuesta por «la paz, el diálogo y la libertad», sería aconsejable un gesto nítido de apoyo hacia el profesorado injustamente señalado y de censura contra quienes hacen de las aulas un lugar de confrontación y trinchera, ya superado por los vascos. La imposición ataca la pluralidad. Sería un error académico y ético que la UPV/EHU proyecte una imagen de radicalidad que solape sus enormes retos y logros en investigación y formación.