Gorka Maneiro-Vozpópuli

  • Es también ilegal y mucho más atroz torturar a detenidos hasta la muerte, ahorcar a homosexuales o privar de su dignidad a las mujeres por el hecho de serlo

Trump Netanyahu han decidido intervenir en Irán y eliminar al ayatolá Jamenei, líder supremo de Irán desde 1989, máxima autoridad política y religiosa de la República Islámica, y uno de los principales responsables de los múltiples crímenes que dentro y fuera de sus fronteras han cometido los extremistas que todavía la gobiernan, y, durante las últimas semanas, del asesinato de miles de iraníes que se han venido manifestando contra su criminal régimen, vigente desde que en 1979 una revolución derrocó al shah Mohammad Reza Pahlavi e implantó una teocracia liderada por radicales clérigos chiíes encabezados por Jomeini. El propio Pahlavi ha sido de los primeros en celebrar su muerte, pero no ha sido el único: miles de ciudadanos a lo largo y ancho del mundo, víctimas directas o indirectas de los ayatolás o simples defensores de los derechos humanos y la libertad, han celebrado la intervención militar, no sólo por haber finiquitado al líder supremo sino por la posibilidad de que el régimen caiga definitivamente y devuelva Irán a los iraníes.

Justo ahora dos meses, Trump decidió entrar en Venezuela, secuestrar al dictador Nicolás Maduro, sacarlo del país que gobernaba con mano de hierro y llevárselo a EE.UU., donde será juzgado en los próximos meses y, seguramente, condenado a muchos años de cárcel. Con la intervención en Irán, Trump continúa basando su proceder político en una de las leyes más antiguas del mundo y que, en el fondo, nunca ha dejado de estar vigente: la ley del más fuerte, ley que ahora se torna en indisimulada hoja de ruta o instrumento para las principales potencias, bien sea para acabar con dictadores o para afianzar su propia dictadura: así, es probable que China se haga más pronto que tarde con Taiwán, Rusia recrudezca su acoso a Ucrania para lograr la anexión definitiva de todo o parte de su territorio, Netanyahu siga controlando militarmente Gaza… y Trump, quizás, sólo quizás, decida hacerse con Groenlandia por la fuerza de las armas.

Algunos ejemplos pasados

Lo de eliminar a un terrorista o a un sátrapa sin respetar las normas internacionales ya se ha hecho en el pasado y por parte de democracias más o menos consolidadas: Israel ha eliminado reiteradamente a cada uno de los líderes de Hamás para desarticular a la organización terrorista, el demócrata Obama dio muerte al terrorista Osama bin Laden, primera y única vez, en palabras del propio Obama, en la que «no tuvimos que justificarnos» (y por el que nadie le pidió cuentas) y, hace apenas unos días, México dio muerte a El Mencho, su narco más buscado. Así que la ley de la fuerza se ha utilizado incluso por parte de regímenes democráticos para defenderse de sus enemigos; lo de que haya sido utilizada por satrapías o dictaduras es una evidencia que nos preocupa menos a quienes no tenemos que explicarlo o justificarlo porque, además, es lo que se espera de quienes no respetan los derechos humanos.

Quizás sea una mala persona, pero yo no tengo excesivo problema moral en que se elimine a los dictadores del mundo cuando su pueblo no puede derrocarlos porque está cruelmente secuestrado y no hay más alternativa que seguir soportando sus crímenes, más si cabe cuando las normas internacionales que deben respetarse no sólo no han servido para ayudar a la liberación de determinadas poblaciones sino que incluso han sido la excusa o la coartada de los dictadores para perpetuar sus regímenes criminales. Como en Venezuela, los primeros en celebrar la muerte de Jamenei han sido las propias víctimas que lo han padecido, en particular y especialmente las mujeres cruelmente torturadas por el régimen. Si ellas lo celebran, ¿por qué íbamos a criticarlo nosotros que, además, salvo los equidistantes o los malvados, abominamos de la tiranía iraní y sus métodos? La cuestión, empero, es si dichas acciones son pan para hoy y hambre para mañana, es decir, si va a ser peor el remedio que la enfermedad o si va a provocar males mayores; y (también) si va a ser caldo de cultivo para que otros líderes mundiales, como Rusia en Ucrania o China en Taiwán, puedan llegar a justificar pasadas o futuras intervenciones para anexionarse ilegítimamente y con la fuerza de las armas territorios que no le pertenecen. Obviamente no es lo mismo porque no es lo mismo derrocar a un dictador para que se abra paso la democracia que invadir un país democrático para extender una dictadura o para hacerse con sus recursos naturales; sin embargo, que la ley del más fuerte prime en las relaciones internacionales es ciertamente peligroso, ya que se sabe dónde empieza pero no dónde termina ni cuáles son sus límites.

Abrirse a negociar

Y, en el caso de Irán, una cuestión adicional es entender, por un lado, por qué se ha llevado el ataque y, por otro, cuáles van a ser las consecuencias que pueden tener la intervención militar y la eliminación física de Jamenei. Trump y Netanyahu no pretenden llevar la democracia a Irán sino, más bien, acabar con el régimen de los ayatolás y alcanzar sus objetivos estratégicos: poner fin al programa nuclear iraní, consolidar su influencia en la zona, asegurarse el petróleo, dominar el Estrecho de Ormuz y debilitar a China; además, Trump considera que la intervención lo refuerza de cara a las elecciones legislativas que se celebrarán en noviembre de este año. En cuanto al derrocamiento del régimen, no es seguro que se produzca ni que se produzca de la manera más deseable, ya que no todas las intervenciones alcanzan sus objetivos y algunas acaban como el rosario de la aurora y empeorando las cosas: basta recordar lo que ocurrió en Irak tras la intervención americana. Además, en todas las intervenciones militares muere gente inocente, y en Irán ya ha ocurrido. Todo esto son cuestiones que deben tenerse en cuenta antes de aplaudir o censurar la intervención americana. Por lo que vemos, Trump se abre a negociar con el nuevo Gobierno de Irán, como ya hizo con el de Venezuela una vez se quitó de en medio a Maduro. O sea que tratará de lograr sus objetivos por otros medios distintos a la guerra.

Como en otros momentos históricos, hay quienes recuerdan con ahínco que el asesinato, en este caso de Jamenei, es ilegal y vulnera las normas internacionales. Y tal cosa es cierta. Sin embargo es también ilegal y mucho más atroz y cruel torturar a detenidos hasta la muerte, ahorcar a homosexuales o privar de su dignidad a las mujeres por el hecho de ser mujeres. Y, a veces, los mismos que claman contra ciertas intervenciones militares son los mismos que callan ante los crímenes que ciertas dictaduras cometen. Pero olvidemos eso. Lo importante ahora es que caiga el criminal régimen de los ayatolás.