Teodoro León Gross-ABC

  • Sánchez sólo trabaja para Sánchez. Su única obsesión es sobrevivir al sanchismo

Al menos algo sí ha quedado resuelto en estos primeros días inciertos de guerra: ya se sabe qué chapita llevarán los actores, diseñadores de vestuario, peluqueros, músicos, directores y montadores en la Gala de los Goya 2027. Todos la misma chapa, como la divisa de una ganadería. Eso que ya se han quitado. Lo suyo, más allá del cine, es dar la chapa. Y siempre podrán premiar a una estrella crepuscular de Hollywood para que confiese sentirse inspirada por Sánchez. Allí estará el presidente, de esmoquin en su última gala estirando la presidencia de una legislatura innoble sin aprobar siquiera unos presupuestos, ofreciendo parcelas en el lado correcto de la historia a los maestros del ‘flashback’ selectivo siempre dispuestos a recordar a ciertas víctimas pero ignorar a otras. De un tiempo a esta parte Sánchez no puede pisar la calle en España, pero al menos disfruta de los elogios de Hamás, Hizbolá, el embajador de Irán en nombre de la tiranía teocrática de la vieja Persia… y las genuflexiones subvencionadas del cine español.

Entretanto Francia habla de la disuasión militar europea y envía una fragata a Chipre, Alemania se alinea con Macron, también Italia, incluso Starmer vuelve hacia el continente –cuatro líderes de diferentes perfiles ideológicos, pero todos con la convicción de Europa– y los griegos se suman a Francia, también Polonia, Portugal autoriza parcialmente el uso de la base de las Azores… No son trumpistas, sino europeístas. Pero Sánchez se aleja de los aliados europeos, buscando cómo recomponer la figura de campeón antitrumpista que le granjeará los aplausos rendidos del cine y de Susan Sarandon antes de volver no ya a su dúplex del barrio de Chelsea en NY, vendido por 6 millones, pero quizá sí a la villa de Maine frente al mar. A estas alturas, cuando ya han pasado cuatro días, en Occidente hay una certeza de los intereses de Occidente, aunque Sánchez sólo tenga la certeza de los intereses de Sánchez. Eso es todo.

No hay que engañarse: Sánchez está en otra guerra. Su guerra. Irán, por descontado, le importa una higa… pero tampoco existe la menor opción de interpretar que el presidente actúa movido por los intereses nacionales. Sánchez sólo trabaja para Sánchez. Su única obsesión es sobrevivir al sanchismo. Los sondeos lo sitúan al borde del colapso, flotando sobre los restos del naufragio de la extrema izquierda. Todo el plan ya es no hundirse ahí. Los intereses del país quedan postergados, y no va a detenerse en naderías como la exclusión de España en las reuniones de alto nivel, donde se ha autodesclasificado hasta parecer un paria, o que Marruecos pueda absorber el descontento geoestratégico en detrimento del sur de España. La única prioridad para él es puntuar como némesis de Trump. Y volver a sentirse en la próxima gala de los Goya como una verdadera estrella.