- Yo tengo una enorme admiración por cómo Aznar posicionó a España en la Guerra del Golfo. Estábamos ubicados liderando Occidente
Nada más terminar el inverosímil alegato que Pedro Sánchez dirigió ayer a la nación, un estimado amigo, veterano diplomático destinado en una capital europea, me envió el siguiente mensaje: «Primera ley de los agujeros: Si caes en un hoyo, deja de cavar». Pues eso es exactamente lo contrario de lo que hizo el presidente del Gobierno con su intervención: intentar aumentar los problemas en los que ya había metido a España.
Tuvo los bemoles de reivindicar la solidaridad de España con la OTAN cuando todos sabemos que ya es un paria en esa organización en la que se niega a pagar la factura. Y aunque no sea más que por el enorme esfuerzo que tiene que hacer para intentar demostrar que sigue siendo tan leal a la Alianza Atlántica como el que más, es evidente que ya nadie considera a España un socio en el que se puede confiar.
El discurso fue un tanto sorprendente. Él mismo dijo que se resumía en cuatro palabras: ‘No a la guerra’. Con ello dio un salto de casi un cuarto de siglo atrás. Cogiendo carrerilla podía haber ido un poco más allá, a la California de hace casi sesenta años, y haber gritado Flower power! para demostrar lo progre que es él hoy como lo eran los hippies en San Francisco en 1968.
Aun así, no se notó a Sánchez tan aguerrido en su discurso como en otras ocasiones. Donald Trump no fue mentado por su nombre, ni llegó a descalificar al PP y Vox por defender la necesidad de alinearse con Estados Unidos en esta hora de gran crisis. Ni mucho menos se envolvió en la bandera nacional. Sánchez hizo un discurso de unos diez minutos en el que le sobraron algo más de nueve. Cuando todo lo que quieres decir se puede resumir en cuatro palabras –según él mismo dijo– es inútil alargarlo porque distrae la atención del objetivo que se tiene.
No creo que sea especialmente conveniente denunciar hoy el hecho de que Sánchez haga este tipo de anuncio, inmensamente trascendental para la posición de España en el mundo, en un discurso ante las cámaras de televisión en lugar de hacerlo ante las cámaras legislativas, que es el lugar pertinente. Ya sabemos que lo hace así porque en las Cortes sería inevitable el debate posterior. Y él ya no acepta ni una pregunta de un periodista. Ni siquiera de los más afines. Que los hay más que nunca.
La mejor prueba de que Sánchez se va quedando sin argumentos fue su desesperado intento de recuperar la guerra de Irak para aprovechar la figura de Aznar y descalificar con él, Bush y Blair la célebre foto de las Azores del 16 de marzo de 2003 en la Isla Terceira, cuatro días antes de que empezara la ofensiva de respuesta contra Irak.
Como puede verse en la foto que ilustra estas líneas, yo tengo aquella imagen dedicada por los tres protagonistas porque guardo una enorme admiración por cómo Aznar posicionó a España entonces. Estábamos ubicados liderando Occidente. Y creo que es ridículo decir que Irak no tenía armas químicas porque ya las había empleado contra los kurdos tras la Primera Guerra del Golfo de Irak contra Irán. Aquellos muertos vaya si se enteraron de que Sadam Husein tenía armas químicas. Pero Sánchez sabe más que nadie y ahora cree que no sólo no vamos a alinearnos con Estados Unidos. Es que vamos a encabezar la oposición occidental a nuestro aliado indispensable. Nosotros estamos con Irán y con Gaza contra Estados Unidos e Israel. ¿Se puede tener menos cabeza?
Parafraseando un viejo dicho diplomático: «Menuda patada le van a dar a Sánchez en nuestro culo».