Editorial-El Correo

  • No plegarse a Trump siendo leal a sus socios europeos obliga a Sánchez a agitar con prudencia el ‘no a la guerra’ para evitar el aislamiento de España

Pedro Sánchez parece decidido a rentabilizar el órdago lanzado a Donald Trump, pese al riesgo que entraña dejar a España al margen de la cobertura ofrecida por las principales potencias europeas al ataque de Estados Unidos a Irán. Y más cuando los misiles iraníes apuntan también a territorio OTAN y UE. Sánchez ha asumido en primera persona la voz discordante en Europa contra las políticas más beligerantes del presidente estadounidense. Ayer lo escenificó sin preguntas, cinco días después del asedio al régimen de los ayatolás y solo cuando Trump amenazó al Gobierno español con cerrar el grifo comercial en represalia por el veto al uso de las bases americanas.

Es ampliamente compartido que el ataque de Trump a Irán de la mano de Netanyahu, y sin encomendarse a ningún otro aliado y mucho menos a la ONU, constituye una flagrante vulneración del derecho internacional. Como también lo es el desprecio que genera una teocracia como la iraní que reprime a sangre y fuego cualquier conato de disidencia, siendo especialmente despiadado con las libertades de las mujeres. Pero el plante de Sánchez conlleva peligros difíciles de medir por mucho que ayer el presidente insistiera en que el país está preparado para encajar el golpe. El primero, económico por el impacto que puede tener el portazo de EE UU a las exportaciones españolas -sobre todo de vino, aceite, automoción y productos farmacéuticos- y el suministro energético. El magnate pone fácil el desmarque por buscar una relación servil -basta repasar cómo ha censurado en público a Starmer, Macron, Zelenski o al Tribunal Supremo de su país-. Y por la improvisación en Oriente Medio, incapaz de explicar las razones que le han llevado a empujar al mundo al abismo: el petróleo, la alerta nuclear, los ayatolás o el bloqueo a China, quién sabe.

Pero Sánchez está obligado a dar continuidad a sus explicaciones al plante en sede parlamentaria para lograr el mayor refrendo en casa, después de la solidaridad ofrecida ayer por Francia, Bruselas o China ante una imposición comercial de EE UU. A la vez, debe mantener la lealtad debida con sus socios europeos en plena ampliación del frente de batalla por parte de Irán, con Chipre o Turquía ya en su diana. Está por ver cómo el presidente del Gobierno mantiene la prudencia para evitar el aislamiento internacional de España, cuando ha recuperado la agitación que conlleva el ‘no a la guerra’ como lema para lo que parece el inicio de su campaña, en este caso, electoral.