Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli
- La posición correcta de los Estados Miembros de la UE es la de colaboración con Estados Unidos e Israel en su guerra con la tiranía persa
Cuando uno escucha a gobernantes europeos soltar bobadas como “No a la guerra”, persiguiendo básicamente réditos electorales en sus países y olvidando la trascendencia geoestratégica de los acontecimientos que se están desarrollando estos días en Oriente Medio, añade un motivo más al lamento por la baja calidad de las elites políticas comunitarias. La decidida acción militar de Estados Unidos e Israel iniciada el pasado 28 de febrero era inevitable y necesaria y lo único que se le puede reprochar quizá es que no se hubiera producido unas semanas antes. La República Islámica de Irán tiene como propósito permanente e irrenunciable la destrucción completa del Estado de Israel. Su densa y agresiva malla de organizaciones armadas a sueldo en la región, Hamas, Hizbolá, los hutis de Yemen y las diversas milicias chiitas repartidas por la zona sirven a este fin, así como el programa nuclear y de construcción de misiles del propio régimen clerical. Las atrocidades del 7 de octubre de 2023 fueron una pequeña muestra. De hecho, al ritmo actual de producción de vectores de corto y medio alcance por parte de Irán, era inminente que pudieran borrar a Israel del mapa sólo con misiles convencionales, de los que disponen de varios miles. No digamos ya si pudieran equiparlos con cabezas nucleares, contingencia también factible en un tiempo muy breve. Por eso, en las últimas negociaciones con la Administración Trump, las exigencias norteamericanas eran tres, cese del enriquecimiento de uranio y entrega de los stocks existentes a un país neutral o a la AIEA, renuncia al programa de misiles y desmantelamiento del arsenal actual y ruptura de los vínculos con sus empleados en el Líbano, Gaza, Yemen, Irak y demás lugares en los que operan por mano delegada. Al no ceder los ayatolás ni un ápice en ninguna de estas cuestiones, Washington y Jerusalén llegaron a la conclusión de que la prolongación de las conversaciones sólo era una forma de regalar tiempo al régimen teocrático para avanzar en sus deletéreos designios. De ahí la intervención, única opción inteligente posible.
La posición correcta de los Estados Miembros de la UE es la de colaboración con Estados Unidos e Israel en su guerra con la tiranía persa, bien sea uniéndose al esfuerzo bélico o facilitando apoyo logístico. Cualquier otra elección es simple y llanamente cobardía y traición a Occidente. Una vez iniciada la acción armada, cuya culminación ha de ser la total destrucción de la estructura política, ofensiva y represiva de la República Islámica, hay que preparar el futuro sin repetir los errores cometidos en Irak en 2003 y en Libia y Siria durante la Primavera Árabe. La oposición al régimen islamista es un conjunto de pequeños grupos hostiles entre sí sin capacidad real de articular una alternativa, con dos excepciones, el Consejo Nacional de Resistencia de Irán (CNRI), que cuenta con centenares de miles de simpatizantes en el exilio y decenas de miles de activistas clandestinos dentro del país y la Coalición Kurda que se acaba de constituir y que agrupa a miles de efectivos militarizados con fuerza suficiente para enfrentarse físicamente a la Guardia Revolucionaria y el ejército del régimen.
Dotar de medios a la Coalición Kurda
La línea que seguir está clara: Una vez debilitado y triturado el régimen por la intervención americana e israelí, dotar de medios potentes a la Coalición Kurda para que inicie una campaña militar desde su territorio e ir engrosando sus filas con combatientes de otras regiones a medida que progresen hacia el interior. Simultáneamente, las masas de manifestantes en el resto de las provincias movilizadas por las Unidades de Resistencia del CNRI han de tomar al asalto comisarías de policía, cuarteles de la Guardia Revolucionaria y edificios oficiales haciéndose con armas y material de lucha. Esta revuelta generalizada desbordará al aparato represor de los ayatolás y les sumirá en la desmoralización. En cuanto los alzados controlen alguna gran ciudad, hay que establecer en ella un gobierno provisional representativo del conjunto de la nación y desde este centro de mando continuar la guerra hasta la victoria y la rendición de los verdugos del pueblo iraní. A continuación, hay que aplicar el proceso de transición diseñado por el CNRI, con elección de una asamblea constituyente que elabore una nueva Ley Fundamental que establezca elecciones libres, separación del poder civil y del religioso, libertad de culto, igualdad entre hombres y mujeres, una justicia independiente, una economía de libre empresa, renuncia al programa nuclear, respeto a las minorías étnicas y religiosas, especial atención al medio ambiente y relaciones amistosas con todas las democracias del mundo. Posteriormente, elecciones generales para configurar un parlamento democrático y un Ejecutivo que tenga el respaldo mayoritario de la Cámara.
Este camino desde una dictadura siniestra e inhumana a una democracia saludable no será fácil y exigirá a la ciudadanía iraní mucho sufrimiento y no pocos sacrificios, pero para gozar del calor del fuego de la libertad primero hay que quemarse en su conquista.