Juan Van-Halen-El Debate
  • Mientras, nuestro mejor buque de guerra, la fragata ‘Cristóbal Colón’, navega a su destino, los aviones norteamericanos seguirán despegando de Morón para bombardear Irán y sus buques pronto repostarán en Rota. Es la realidad orwelliana de Sánchez porque entiende que le favorece electoralmente

Estoy convencido: más pronto que tarde viviremos un golpe de timón que abrirá una realidad política diferente. La andadura será corta o larga según las urnas en elecciones generales. Si fuese desde la oposición, movilizando las calles con la ayuda de los sindicatos agradecidos, hoy calladitos, de modo que Sánchez recuperase el poder cuanto antes, olvidadas tantas tropelías. Si fuese desde el Gobierno, acelerando y profundizando las fases golpistas y convirtiendo, de hecho, las elecciones en constituyentes. Ya se hizo. El golpe enmascarado sólo podría desactivarlo una acción contundente y no parsimoniosa de la Justicia. Con un Sánchez acaso siguiendo la fuga de Bettino Craxi. No a Túnez sino, en este caso, a un país sudamericano.

Las fases de ese golpe se resumirían: 1) Vulneración de la Constitución. 2) Ignorancia del Parlamento. 3) Ocupación de instituciones y órganos de control electoral. 4) Descalificación de la alternancia. 5) Fortalecimiento del muro entre los propios y los ajenos. 6) Intensificación del desprestigio de la Monarquía. Algunas de estas fases se iniciaron en tiempos de Zapatero, y otras están ya avanzadas. Luego, llegará la consumación. Veamos.

La Constitución se vulnera a voluntad de Sánchez. Su escudo es el Constitucional de Conde-Pumpido. Gobierna sin Presupuestos año tras año. Cuando en una democracia no se aprueban los Presupuestos, y en nuestro caso ni se presentan, se convocan elecciones. No es constitucional ignorar al Congreso cuando se proclama no apoyar una guerra que, como todas las guerras, nadie desea. Ni lo es enviar un buque de la Armada a un escenario bélico sin consulta parlamentaria. Aznar, al que se recuerda ahora, consultó al Congreso. Sánchez anunció su «no a la guerra», sin periodistas y sin preguntas, para engañar a despistados o afines. Es una trampa como lo sería un no al cáncer o a los incendios forestales. Todos estamos de acuerdo. Y no olvidemos que entregó el Sahara a Marruecos por su decisión, sin pasar siquiera por el Consejo de Ministros, incumpliendo las Resoluciones de la ONU. Un día sabremos porqué.

Se anuncia que Sánchez informará al Congreso a toro pasado y con una larga lista de incumplimientos constitucionales detrás. Ignora al Parlamento porque teme perder votaciones. Declaró que gobernaría sin contar con la representación de la voluntad nacional. Lo hace con un apoyo en escaños que le aleja de lo que había sido normal: que gobierne el partido mayoritario. Ahora explicará en el Congreso su posición sobre la guerra de Irán. Los sumisos, los comprados y los ingenuos se muestran complacidos. Pero mentirá y ocultará lo que le convenga. El presidente lo enmaraña todo. Tenía que haber escuchado antes al Congreso, no después del Congreso a él, y no decidir por sí y ante sí, vulnerando la Constitución. Insiste en gobernar por decretos-leyes como antes nunca en nuestra democracia.

La ocupación de instituciones y órganos de control está en fase avanzadísima. Tribunal Constitucional, Fiscalía General del Estado, Consejo de Estado, Tribunal de Cuentas, Banco de España, CNMC, CNMV, Correos, CNI, Indra, RTVE, Agencia EFE, CIS, SEPI, REE, INE, AENA y muchos organismos más están encabezados por conocidos socialistas, y otros, como Telefónica, por afines. Y morderá el IBEX si le da tiempo. De estos organismos, algunos son fundamentales en elecciones para la custodia de votos o su recuento. Pensando en las trampas en las elecciones internas que hicieron secretario general socialista a Sánchez, no deberíamos estar tranquilos.

La descalificación constante a la oposición no afín, a la que Sánchez no informa y con la que nunca cuenta, ni siquiera en asuntos de Estado, como en todas las democracias del mundo, nace de la autocracia personalista y excluyente del personaje desde el muro alzado entre los suyos y los demás, resucitando las dos Españas enfrentadas del XIX felizmente arrumbadas en la Transición.

La Monarquía no satisface los designios imaginados por Sánchez para sí mismo y sus socios en una visión, tan rebasada, del futuro de España. No preciso insistir. Todo español informado lo sabe y muchos lo temen. El presidente ha ido desmarcándose de la Corona y no sólo en gestos protocolarios, que se han repetido. No suele acudir a actos a los que asiste el Rey, el despacho semanal en Zarzuela lo delegó en Bolaños, y desde el paseíllo de Paiporta se dice que las relaciones se han resentido. Pero Sánchez utiliza al Rey a su conveniencia. Recordemos el viaje oficial a China, territorio abierto a iniciativas económicas de Zapatero. Y, a veces, para hacerle protagonizar acciones impropias.

Detengámonos en las llamadas de Felipe VI a su homólogo de Baréin y a los presidentes de Líbano y Chipre, tras los ataques. No lo han hecho los reyes de Holanda, Bélgica, Noruega, Suecia, Dinamarca o Inglaterra ni los presidentes de Portugal, Italia, Alemania o Austria. Y más. Han estado calladitos. Para hablar están sus gobiernos. Por no insistir en el destierro no deseado de Juan Carlos I que, pese a la versión de Bolaños, se planteó en Zarzuela por Carmen Calvo, entonces vicepresidenta, como recadera de Sánchez.

Mientras, nuestro mejor buque de guerra, la fragata ‘Cristóbal Colón’, navega a su destino, los aviones norteamericanos seguirán despegando de Morón para bombardear Irán y sus buques pronto repostarán en Rota. Es la realidad orwelliana de Sánchez porque entiende que le favorece electoralmente. Alejado del criterio de la UE, insiste en su ‘No a la guerra’, pero desde la guerra.

  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando