Tonia Etxarri-El Correo
Acinco días de la cita electoral en Castilla y León, resulta aventurado pronosticar si el ‘no a la guerra’ de hace 23 años logrará movilizar al votante socialista. Las encuestas señalan al PP como ganador, pero no con la fuerza suficiente como para gobernar en solitario. Por lo tanto, el entorno de Sánchez cree que, esta vez, un lema tan naíf podría cambiar la tendencia a pesar de los sondeos. No son las elecciones más propicias para que las consecuencias de la guerra influyan directamente en las urnas.
El presidente del Gobierno, tras prohibir, primero, la utilización de las bases americanas de Rota y Morón y enviar, después, una fragata de la Armada a la misión defensiva de Chipre, sigue amarrado a la pancarta que más se visibilizó en las manifestaciones feministas del 8-M. Sus movimientos de política internacional, incluido el viraje con el Sáhara sin consultar ni a la oposición ni al Parlamento, no le han pasado una factura muy elevada. Son otras causas, como la corrupción y la financiación favorable a Cataluña, las que explican la debacle del PSOE en Extremadura y su hundimiento en Aragón.
El Partido Socialista viene perdiendo poder en los territorios, pero como la derecha se enreda en un bucle que le impide gobernar, en La Moncloa no pierden la esperanza de que esta vez sí, a diferencia de su campaña contra Israel envolviéndose en la bandera palestina que no logró movilizar a la izquierda extremeña y aragonesa, puede darse un giro favorable. A ver esa ‘baraka’, si la derecha sigue cometiendo torpezas, a pesar de su fuerza electoral, y la extrema izquierda desunida prácticamente desaparece.
De la misma forma que el Gobierno decide ampliar medio año más la campaña institucional dirigida a los jóvenes para «adoctrinar en democracia» (la expresión es del ministro Ángel Víctor Torres), el presidente sigue sosteniendo la pancarta. Sus más de 900 asesores dicen que funcionará. Pero las encuestas van por otro lado. Ventaja del PP sobre el PSOE con un Vox disparado. Ese feminismo de laboratorio que no encaja con el silencio gubernamental mantenido durante la represión de los ayatolás que maltratan a sus mujeres y provocaron miles de muertes para ahogar las protestas en las calles de Irán… ¿Se tapará todo con la pancarta?
El caso es que estas citas electorales que empezaron en Extremadura y siguen este domingo en Castilla y León nos muestran a un PP ganador pero dependiente de Vox. El problema no lo tiene el PSOE, que sabe que volverá a perder, sino la derecha que parece incapaz de constituirse en alternativa. ¿Vox quiere, en realidad, ser alternativa de Gobierno o tan solo busca sustituir al PP?
Feijóo se va pareciendo al mítico Sísifo, castigado eternamente a empujar la piedra hasta la cima solo para verla caer de nuevo y bajar a recogerla. Pero en su caso, gana, sube y tras él camina Abascal que solo quiere apartar al líder del PP para ponerse él en su lugar. Esa es la tendencia. Vox bloqueó el Gobierno en Extremadura y en Aragón no le penalizaron por eso. Si Abascal pulsa la tecla equivocada en terreno del PP, le hará un favor a Pedro Sánchez.