Félix Madero-Vozpópuli

  • El personaje de Santiago Segura sería el tercer líder mejor valorado después de Sánchez y Feijóo

Si la política española es una comedia, no nos debería sorprender que algunos ciudadanos elijan a Torrente como la mejor opción para ser presidente del Gobierno. Debería ser más preciso, porque en la comedia hay siempre un guion, intención y cierto nivel artístico. La política se hace desde la improvisación, el ruido y la exageración permanente. Es de imaginar que quienes piensan en Torrente han puesto una parte de cabreo y otra de guasa en sus respuestas, y que nadie con dos dedos de frente quiere a un tipo sucio, zafio y racista al frente de algo medianamente serio. Un tipo que, además,  es un personaje inexistente. Su creador lo define así: ruin y miserable.

No es el caso de Volodymyr Zelensky, un cómico que interpretó a un presidente ficticio antes de convertirse realmente en un presidente capaz de sentarse con cualquier líder del mundo desde que comenzó la invasión rusa a Ucrania. Convendría recordar que Zelensky llegó al poder antes de que los tanques de Putin se pusieran en funcionamiento.

Mejor que Abascal y que Yolanda

Pero no es tanta la posibilidad sino el descaro y la contundencia de la respuesta lo que me sorprende. El sondeo de GAD3, realizado a finales de febrero, nos dice que un 19% de los encuestados entre 18 y 29 años prefiere a la criatura de Santiago Segura antes que a Santiago Abascal o Yolanda Díaz, que ayer exigió a Von der Layen que defienda la legalidad internacional porque “lo otro es una barbarie”. ¿Qué es lo otro? Qué si no barbarie es lo que han vivido los iraníes desde 1979. Tengo para mí que Torrente tiene las ideas más claras que la vicepresidenta dos de este Gobierno. Dicho de otra forma, que Torrente sería el tercer líder mejor valorado después de Sánchez y Feijóo. Y entonces vuelvo a preguntarme si en las respuestas hay más cabreo que guasa, o simplemente los entrevistados han dicho lo que piensan y ven en Torrente lo que los políticos convencionales no tienen, campechanía, autenticidad, sinceridad y honestidad. Es mucho ver, lo sé, pero eso es lo que dice la encuesta.

Consulto con un sociólogo amigo y me asegura que nadie votaría a Torrente por que crean que gobernaría bien, lo eligen porque expresa con rapidez y claridad la desesperación con un sistema político que no da señales cuando se trata de problemas como la vivienda, la precariedad, la corrupción y las mentiras calculadas de los políticos. Estos cuatro problemas son estructurales en España. Ni los resuelve la derecha ni la izquierda. Peor aún, se agravan en la medida en que los partidos hacen del tacticismo y la permanencia en el poder su única razón de ser.

Ábalos no sale

Mejor Torrente, han de pensar algunos y pienso yo, que los Koldos, Ábalos, hermano, esposa, Pumpidos o, por contar la última, el tipo ese que con 30 años ha dejado su cargo en ¡Nuevas Generaciones del PP! y se ha pasado a VOX porque ha descubierto que el partido de Feijóo es de izquierdas. El muchacho lleva como apellido Girauta –Carlo Giacomo Angrisano Girauta– por lo que no le costará a la criatura encontrar acomodo donde le den de comer la sopa boba. ¡Con treinta años y en las juventudes del PP! Torrente es lo que es, forofo del Atleti y del Fari, y eso permanece pase lo que pase. El humor -lo saben bien los que han respondido a la encuesta- explica la actualidad de forma más clara que un discurso serio. Simplifica lo complejo con inteligencia y revela lo absurdo. Y para que se me entienda bien diré que el humor con que se prefiere a Torrente sirve como argumento para iluminar la realidad, pero no para sustituirla. Quizá por eso la productora de Santiago Segura ha puesto tanto interés en afirmar que José Luis Ábalos no va a salir en la última cinta de la saga. Un descanso, oiga.

En los últimos años. y de forma especial desde que está Sánchez, se ha normalizado la banalización de la política, el uso de frivolidad como instrumento y herramienta para el debate y la movilización emocional mediante consignas zafias. El resultado es el agotamiento que las encuestas expresan. La política ha dejado de girar en torno a los resultados y ha pasado a girar en torno a los relatos, y ustedes perdonen la irritante palabreja. El ‘no a la guerra’ como argumento único para eludir explicaciones sobre la corrupción que le rodea o sus incumplimientos. Sucede que a Sánchez le da resultado. El hallazgo es propio de un Torrente que, en nuestro caso, resulta ser presidente.

Una burda mentira

Afirmar ‘no a la guerra’ es como decir no al cáncer o no al paro. Llama la atención está fiebre antibelicista que está muy por encima de la realidad que las mujeres iraníes han vivido desde que llegaron los ayatolas. Es curioso cómo la política va ordenando las agendas y las mentes de aquellos y aquellas que se dejan manipular. ‘No a la guerra’, proclama una ministra que pertenece a un gobierno que ha enviado su mejor barco de guerra a Chipre para defender a ese país de cualquiera agresión iraní. Pero convendría recordar, antes de corear el ‘no a la guerra’ que ordena Pedro Sánchez y los partidos de extrema izquierda que, a una fragata como la monumental Cristóbal Colón, lo mismo le toca defender que atacar. Trapiello lo ha escrito muy bien: lo mismo se mata atacando que defendiendo. Pero esto importa poco a la hora de salir a la calle.

Uno comprende que el Gobierno estaba, y en realidad está, necesitado de un clavo al que agarrarse, pero la mentira es burda. Es difícil admitir que un votante del PSOE está más en contra de la guerra que uno de del PP. Y si de lo que se trata es de convertir esas cuatro palabras en la capa que tape los errores y el desastre de país tras ocho años de sanchismo, entonces tenemos la idea clara de lo que piensa este Gobierno de los ciudadanos que dice gobernar. Sánchez cree haber encontrado la clave en enfrentarse a Trump: tú la guerra, yo la paz. El caso es que el primero ganó las elecciones y el segundo las perdió. Pobre pueblo español. Con Torrente hubiera sido más sensato y respetuoso. Y, sobre todo, más divertido.