Pedro García Cuartango-ABC

  • El presidente estadounidese se ha equivocado al subestimar la resistencia de Irán y al no evaluar la reacción de los mercados

El precio del barril de crudo se disparó ayer por encima de los 100 dólares, mientras las Bolsas seguían su caída en picado. La amenaza de una recesión se cierne sobre las economías occidentales tras el cierre del estrecho de Ormuz.

La persona que ha provocado esta situación se llama Donald Trump, que no fue capaz de prever los efectos de su decisión de atacar Irán. En realidad, todavía no sabemos lo que motivó su iniciativa porque sus explicaciones han sido tan confusas como contradictorias. Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, dijo hace unos días que «tal vez fue una corazonada».

El nombramiento del hijo de Jamenei y los ataques contra Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, Bahrein y los Emiratos Árabes corroboran que el régimen de los ayatolás está dispuesto a resistir. Las patrullas de los Guardianes de la Revolución controlan las calles de Teherán mientras las autoridades proclaman que cualquier colaboración con el enemigo será castigada con la pena de muerte. No hay ni el menor indicio de una rendición. Por el contrario, la guerra podría prolongarse muchos meses.

Trump se ha equivocado al subestimar la resistencia de Irán y al no evaluar la reacción de los mercados. Y ha generado el pánico entre sus aliados del Golfo, que ven no sólo amenazada su seguridad sino también sus ingresos. Su idea de que es posible derribar el régimen con bombardeos es una ilusión.

Alentado por su éxito en la captura de Maduro, Trump creía que Irán sería pan comido. Pero se ha equivocado porque Irán no es Corea, no es Vietnam, no es Irak y tampoco Afganistán. Esos conflictos tuvieron lugar en países periféricos, pero el enfrentamiento con Irán golpea una zona estratégica con intereses directos de Estados Unidos y afecta a la economía mundial.

No hay más que escucharlo para darse cuenta de que Trump vive en un mundo de fantasía, que es un narcisista que actúa por impulsos y que es incapaz de calcular las consecuencias de sus acciones. Contumaz agente del caos, siempre echa la culpa a los demás cuando algo sale mal. Habla en tercera persona cuando él es quien provoca un problema y en primera cuando se trata de sus logros. Pero no está loco sino extremadamente cuerdo para favorecer sus intereses. Jared Kushner, su yerno, recibió una aportación de 2.000 millones de dólares del fondo soberano de Arabia Saudí para su firma de inversiones. Una empresa de Emiratos Árabes compró por 500 millones de dólares la mitad de la sociedad de criptomonedas de Trump, que aceptó como regalo un Boeing 747 de Qatar. Ha hecho compatibles los negocios privados con la gestión de lo público.

Incapaz de discernir entre sus deseos y la realidad, su inconsciencia nos ha metido en un serio problema. No se trata de decir no a la guerra contra el fanatismo y la barbarie, sino a la temeridad de este personaje.