Editorial-El Correo

  • El desembarco en Navarra del gigante chino en la fabricación de baterías con el que negociaba Euskadi es un golpe a la industria vasca

El desembarco en Navarra del gigante chino Hithium, referente mundial en la fabricación de baterías estacionarias, es motivo suficiente de decepción en el tejido productivo de Euskadi y de cierto fracaso en el Gobierno vasco, que ambicionaba desde hacía al menos un año la implantación de este poderoso proyecto para impulsar la transición energética y el empleo. Esa es la primera lectura que se puede extraer del acuerdo confirmado ayer en Pamplona por el Gobierno de la socialista María Chivite y los responsables asiáticos de la planta, concebida para almacenar energía. La «historia de un éxito» con la que se inicia la operación en aquella comunidad foral contrasta con la frustrada negociación del Gabinete Pradales, tras su intento por amarrar a la compañía.

El hecho de que en mayo la iniciativa fuera presentada por el consejero vasco de Industria en el Parlamento de Vitoria, a través de un memorándum de colaboración, daba carta de naturaleza a las aspiraciones depositadas en el fabricante de China y en todo su potencial. Que era mucho y necesario para capear las penurias del sector industrial, con hincapié en las renovables. La planta que se abrirá en Pamplona en 2027 conlleva una inversión de 400 millones y la generación de hasta 1.000 puestos de trabajo. Un inmenso caudal laboral que compensaría la pérdida de empleo industrial en el País Vasco por el cierre de Mecaner y los ERE en Bridgestone y Tubos Reunidos, entre otras firmas en serios apuros.

La explicación oficial que justifica la marcha a Navarra de Hithium es que las ayudas públicas superan a las de Euskadi, pese al pacto de cooperación suscrito entre Industria y la empresa. Tampoco es descartable que Pedro Sánchez, reunido en la víspera con la dirección asiática en La Moncloa, haya tratado de compensar al Gobierno de Chivite, salpicado por los escándalos de presunta corrupción del navarro Santos Cerdán en una de las escasas autonomías aún en manos del PSOE. Poner a disposición de Navarra los puertos de Bizkaia y Gipuzkoa, como hizo el lehendakari, revela un gesto de buena vecindad. Pero siendo la conectividad un punto fuerte de Euskadi, el gigante chino ha decidido irse tierra adentro. El traslado a Pamplona es un golpe a la estrategia sostenible y a la mejora de la cobertura eléctrica en el País Vasco. Un fiasco que le obligará a ponerse las pilas para buscar una alternativa de almacenamiento energético si pretende sacar chispas al desarrollo eólico y solar.