Gabriel Sanz-Vozpópuli
- ¿Nuestro buque de guerra va a viajar de escolta del portaaviones francés hasta el Estrecho de Ormuz o dará media vuelta? ¿y si dispara Irán, se defenderá o no?
El problema de Pedro Sánchez con la guerra de Irán empieza a ser que las apariencias, las de que iba a ser tan corta que le permitiría exhibir durante unas semanas su No a la Guerra para aglutinar a toda la izquierda patria, le engañan. Es la servidumbre no prevista de convertirte a ojos del mundo entero en Némesis de un Donald Trump que también empieza a dar la impresión de no saber muy bien dónde se ha metido pero que, a diferencia de nuestro presidente, tiene muy claro a qué ha ido donde ha ido: a hacer la guerra.
Por eso, porque el reto de convertirte en Némesis no admite medias tintas, mucho menos contradicciones que exudan ardor guerrero como la que resulta de de enviar nuestra fragata más moderna, la Colón, a la costa de Chipre, el pacifismo de este gobierno empieza a hacer aguas por todos lados. La Colón va de «escolta» (sic) del portaaviones Charles de Gaulle, perteneciente a esa Francia de la grandeur que tiene un presidente, Emmanuel Macron, que se acaba de hacer fotos con un nuevo submarino nuclear galo de última generación. Por lo que sea y sin complejos.
Pues resulta que el devenir de los acontecimientos ha hecho que el De Gaulle vaya a acudir, junto con barcos y aviones estadounidenses, israelíes y británicos, a garantizar la navegación en el crucial Estrecho de Ormuz, que los iraníes han cerrado a base de bombazos contra los petroleros del mundo entero… ¿Y ahora qué? ¿Nuestro buque de guerra va a viajar hasta allí de escolta del portaaviones francés o se quedará en Chipre a defender no se sabe muy bien qué? ¿y si va hasta allí y el hijo del fallecido ayatolá Ali Jamenei ordena disparar contra ella se defenderá o no?
Empezamos a ser un «problema» en la UE
Ese es el verdadero dilema que tienen ahora España y su presidente, que no se puede soplar y sorber; que no se puede ser la novena potencia del mundo en venta de armas para que se maten otros en lugares lejanos y no tan lejanos -12.000 millones de euros en 2025- y cuando vienen mal dadas agarrarse al eslogan No a la Guerra, que está muy bien si quien lo proclama es Miss Universo pero mueve a la hilaridad en boca de la cuarta potencia que sostiene al euro.
Porque una cosa es negar a Estados Unidos con la boca pequeña el uso de las bases de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) para reabastecer a los bombarderos rumbo a Irán, algo totalmente legítimo -de hecho Felipe González ya lo hizo en 1986 con el bombardeo a Libia-, y otra la política del No a todo con un indisimulado interés último de sacar rédito electoral: primero no, a elevar al 5% el gasto militar de España en la OTAN; segundo no, a aceptar junto a las otras ocho potencia europeas, el paraguas nuclear francés y británico; y tercer no, el de las bases de Morón y Rota.
Al parecer, la presidenta de la Comisión, la alemana Úrsula Von der Leyen, lo ha descrito muy gráficamente en las últimos días en privado a su núcleo duro: «Tengo dos problemas, Orban (el presidente húngaro) y Sánchez»; los dos dos van a lo suyo, a sacar rédito electoral inmediato sin importar las consecuencias de sus decisiones. Y, por decirlo así, nos han cogido la matrícula en Bruselas y en el resto de cancillerías del continente, que diría un castizo.
Veremos qué le da de sí al PSOE este No a la Guerra redivivo en las elecciones de Castilla y León este domingo, y en las andaluzas previstas para el mes de junio, pero da toda la impresión de que rédito va a ser más bien escaso, a tenor de los sondeos. Una estrategia controvertida por el duro golpe al prestigio y a la imagen de país fiable que nos puede suponer. Y la confianza, igual que las inversiones, suelen ser fáciles de perder y difíciles de recuperar en el tiempo.
Aviso de Von der Leyen a Sánchez
Von der Leyen, más en la línea de los Macron, del británico Starmer o el alemñan merz, incluso de la italiana Giorgia Meloni, que también ha criticado los bombardeos estadounidenses e israelíes al país de los ayatolás… ma non troppo, Von der Leyen, digo, ha lanzado un mensaje muy claro a quienes como Pedro Sánchez insisten en defender un orden internacional que ya no va a volver, precisamente, porque quienes son sus garantes, los países que se sientan en el Consejo de Seguridad de la ONU, Estados Unidos, China, Rusia, Francia e Inglaterra, no quieren.
«Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido”, dijo este lunes la presidenta de la Comisión Europea en un discurso que parecía dirigido con nombres y apellidos contra Sánchez y que ha tenido un hondo eco en las cancillerías europeas; inmediatamente concitó la respuesta de otros miembros de la Comisión, como la vicepresidenta española, Teresa Ribera, o el portugués Antonio Costa. Von der Leyen, muy en sintonía con el canciller alemán Merz, con Macron y con el norte europeo, hizo un llamamiento a reformar la ONU y avisó a quienes tienen la tentación inmovilista contra este nuevo desorden internacional o política de bloques: “No se debe llorar por el régimen iraní que ha infligido muerte e impuesto represión a su propio pueblo”.
Paradójicamente, es. en este contexto en el que nuestro nuevo/viejo pacifismo de país no alineado a partir de los años 60 del pasado siglo o, mejor dicho, alineado contra el núcleo de poder occidental, le guste o no a nuestro inquilino en La Moncloa, puede acabar siendo severamente perjudicial para España si quede aislada, fuera de foco, no solo por parte de la administración estadounidense sino, lo que es peor, por unos aliados europeos siempre dispuestos a esa Europa de dos velocidades a la que le sobra el contra el sur… Atentos.