Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Esta izquierda de hoy, tan lerda, tan susceptible, tan violenta, tan llorona, tan ignorante, tan amiga del linchamiento, tan contradictoria, cree que todo es política por razones que desconcertarían a Marx

Algún listo sonreirá al leer el nombre del observatorio del odio que ha montado el Gobierno, otro chiringo. Hodio, ja, ja, como «los hunos y los hotros», que es todo lo que saben y todo lo que citan de Unamuno los pesados y los de centro centrado. No estemos tan seguros del guiño ni de la coña. De los socialistas y sus colgajos podemos esperar cualquier cosa. Igual creen que odio va con hache. O igual creen que sus votantes creen que odio va con hache. Ni siquiera ellos tienen en consideración a su masa. Que la quieran, sí. Que le deban el modus vivendi, sí. Pero que la consideren muy lista cuando se traga toda su corrupción y toda su traición a España, pues no. Si al canalla le premias las canalladas, no es que al tío no le guste, pero no esperes respeto hacia el rebaño ciego.

Sánchez y su banda son pastores conduciendo ovejas al acantilado, para que se arrojen en orden al vacío. Y estas lo hacen, no contrarían a la banda trashumante, pero Sánchez por fuerza pensará: «Qué lerdos…». Y es normal. No pasa nada. Quien se tiene a sí mismo algún respeto ni se adocena ni se atocina. No sigue a los pastores perversos, no se arroja al vacío de grado y, sobre todo, una vez se convierte a su vez en pastor, no condena a su rebaño. La figura del pastor, como la del pescador, llama al símil y a la parábola. Dejemos aquí de lado las referencias divinas. Se trata de política. Y la política es algo muy diferente dependiendo del lugar desde el que mires.

Para la izquierda todo es política. En el marxismo, economía, por mor de los mecanismos historicistas y por la naturaleza presuntamente científica del legado marxiano. Las ideas, los valores, la moral, las instituciones, las normas o la filosofía serían elementos superestructurales. Bla, bla, bla, por resumir. Lo sustancial sería el modo de producción, del cual todo lo anterior surgiría como chispitas. Nada. Ahora que la izquierda no tiene la menor idea de lo que postulaba Marx, ahora que el marxismo solo lo dominamos en el espacio político que la prensa llama extrema derecha, debemos explicarlo de otro modo. Esta izquierda de hoy, tan lerda, tan susceptible, tan violenta, tan llorona, tan ignorante, tan amiga del linchamiento, tan contradictoria, cree que todo es política por razones que desconcertarían a Marx.

Lo creen porque el profesor de un profesor suyo leyó a Foucault y, aprovechando aquella autoridad por contacto, les dio una clase muy chula donde les demostró que el mundo, lo miraras por donde lo miraras, era un mecano de opresiones. Con unas pizcas de Butler, también de oídas, y muy emocionados, llegaron a la conclusión de que hasta lo que pasa al meterte en la cama con tu pareja es política. Por eso el chiringuito Hodio no tendrá ningún límite. Ninguno. Acabará siendo odio no coincidir con ellos. Que los odios hodiernos vienen escorados.