Editorial-El Correo
- El llamamiento a dejar atrás el orden mundial basado en reglas se suma a la cadena de errores de su segundo mandato en la Comisión
Cumplidos seis años al frente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen avanza en su segundo mandato por una senda desconcertante. Después de un primer periodo en el que demostró solvencia en la gestión de la pandemia, la orientación de la transición ecológica y frente a la explosión del expansionismo ruso en el corazón del continente, la presidenta del Ejecutivo comunitario encadena equivocaciones en el desempeñó de unas atribuciones amplias, sí, pero no ilimitadas. Demasiado a menudo, sus posiciones y decisiones parecen ignorar su función de velar por los intereses generales de la Unión, proponer leyes, desplegar el Presupuesto y representar al continente en la escena internacional, en concreto en política comercial y ayuda humanitaria.
En su discurso del lunes ante los embajadores de la UE, en el que dio por muerto el orden internacional basado en reglas, no solo incurrió en la invasión competencial en el terreno de los jefes de Estado y de gobierno. Pareció renegar de la legislación y las instituciones multilaterales que prohíben el uso de la fuerza para resolver controversias; y que son parte integrante y vinculante de los Tratados comunitarios. Tuvo que ratificarlo al día siguiente el presidente del Consejo, António Costa. Ayer, ante la Eurocámara, Von der Leyen solo moderó el tono. Insistió en negar que Europa pueda ser «guardiana de un mundo que ha desaparecido y ya no volverá», un empeño que nadie le demanda. Y dejó huérfanos de propuestas a los europeos que reclaman superar el derrotismo y explorar un camino propio contra los dirigentes que invaden, bombardean y matan a civiles indefensos. Nadie llora por la teocracia iraní, aunque son muchos los que lamentan que Bruselas haya tardado doce días en acordarse de los desplazados en Líbano.
Von der Leyen incomodó en julio al avenirse a firmar en el complejo de golf escocés de Donald Trump una extorsión comercial ahora en el aire. Envió por su cuenta y riesgo a la Junta de Paz del republicano a una comisaria. Y desorienta de manera cotidiana con retrocesos en la agenda de sostenibilidad o fracasos a la hora de respaldar financieramente a Ucrania, a la vez que dispensa deferencia hacia los desafíos de Hungría y Eslovaquia o retrasa el ya urgente debate sobre la unanimidad en las decisiones. En sus vacilaciones de estos días, la presidenta de la Comisión, alemana, se da la mano con el canciller Merz.