Mikel Buesa-La Razón

  • Del intervencionismo extremo contamos con el precedente de la España franquista de postguerra cuyo resultado, como han destacado los historiadores, se resume en cuatro palabras: estancamiento, pobreza, éxodo y silencio. Mucho silencio

Si algo hemos aprendido los economistas acerca de la gestión de la guerra es que la intervención del Estado es imprescindible para detraer recursos del consumo interior y destinarlos a financiar el esfuerzo bélico. Pero ahora, en España, nos encontramos con que, gracias a la perspicacia izquierdista, de lo que se trata es de aprovechar las guerras de otros países para estatalizar la economía nacional. El «no a la guerra» se traduce así en un bullicio de propuestas intervencionistas que, empaquetadas con la etiqueta de «Escudo Social», son susceptibles de sublimar los instintos arribistas de los epígonos del viejo comunismo. Sumar y Podemos lo han dejado claro mientras, en el PSOE, Sánchez va deshojando la margarita. Y así, sus propuestas se extienden desde la nacionalización de Repsol y la creación de una empresa pública de supermercados, hasta el control de los precios de la energía, los alimentos y los alquileres, pasando por la elevación de los impuestos a las eléctricas y gasísticas, la expropiación de viviendas propiedad de fondos de inversión, la moratoria antidesahucios, la gratuidad del transporte, la concesión de subvenciones a los camioneros y a las familias de bajo nivel de renta, el aumento del bono social eléctrico y la sustitución del petróleo por fuentes renovables. Además, en esta algarabía se ha colado un referéndum sobre la permanencia en la OTAN, así como de la expulsión de las tropas norteamericanas estacionadas en Rota y Morón de la Frontera. O sea, todo un programa político patriótico y estatalista cuya justificación se deriva de que, según Verónica Martínez Barbero, portavoz de Sumar en el Congreso, «la ciudadanía no puede pagar las consecuencias de una guerra que no ha elegido». Claro que la derecha, nacionalista o no, se aleja de tal bosquejo y propugna un manejo fiscal más razonable, con rebajas del IVA y supresión de impuestos energéticos, lejos del fundamentalismo estatalista, planteando así al gobierno un dilema saduceo. Y mientras éste marea la perdiz, tal vez le conviniera recordar que del intervencionismo extremo contamos con el precedente de la España franquista de postguerra cuyo resultado, como han destacado los historiadores, se resume en cuatro palabras: estancamiento, pobreza, éxodo y silencio. Mucho silencio.