Fernando Díaz Villanueva-Vozpópuli

La guerra no admite atajos ni sabe de mítines, tuits o declaraciones altisonantes. Hasta ahora, la aplastante superioridad aérea de EEUU no ha impedido que Irán aplique una enorme presión política y económica sobre Estados Unidos mediante un recurso tan viejo como eficaz: cortar el grifo del petróleo. No hay indicios de una rebelión popular capaz de derrocar al régimen de los ayatolás, y las sucesivas oleadas de ataques contra objetivos iraníes no han conseguido que ningún líder iraní con vocación de diálogo abra un canal de negociaciones para rendirse en voz baja.

Con los precios de la energía subiendo y las bolsas de medio mundo cayendo a plomo, muchos analistas y no pocos mandatarios extranjeros han llegado a una conclusión incómoda: la estrategia iraní está funcionando. EEUU tendría que elegir entre finalizar a la guerra mucho antes de alcanzar algo parecido a una victoria, o poner más carne en el asador, esta vez en forma de una operación por tierra con infantería, artillería y blindados. Ninguna de las dos opciones sale gratis.

El pesimismo probablemente sea prematuro. Desconocemos cuál es el estado de real de Irán. Ese es un secreto que guardan celosamente, así esto podría cambiar. Lo que sí podemos decir a estas alturas es que Irán es mucho más peligroso de lo que muchos pensaban y más difícil de neutralizar de lo que la Casa Blanca creía el 28 de febrero.

Aunque se rindiesen mañana habrían dado un baño de realidad a todo el mundo. Lo que han conseguido sin necesidad de armas nucleares (tan sólo con misiles y drones) es bloquear, al menos temporalmente, el tráfico en el estrecho de Ormuz. Esto ha forzado a varios países del golfo a reducir su producción de petróleo y gas natural poniendo de paso en jaque a todo el mundo. Si este estrecho permanece cerrado durante mucho más tiempo estaremos ante la que seguramente sea la peor crisis energética desde finales de los setenta. Y eso es decir mucho, los que vivieron aquella crisis recuerdan lo que supuso para la economía mundial.

Pero el golfo Pérsico de nuestro tiempo es mucho más que petróleo y gasolina. Aquí es donde la cosa se complica de verdad. Los emiratos del golfo Pérsico llevan años tratando de diversificar sus economías. Han apostado fuerte por sectores como la tecnología, el turismo, las finanzas y la industria petroquímica que, entre otras cosas, produce fertilizantes para el campo. Aparte de los hidrocarburos, todo eso está ahora en la diana. Incluso las exportaciones de helio, esenciales para la fabricación de semiconductores en extremo oriente, se han visto afectadas. No hace falta ser economista para entender las consecuencias. Basta con pensar en lo que ocurrirá cuando los agricultores de medio mundo no puedan comprar fertilizantes a un precio razonable, o cuando las cadenas de suministro tecnológico empiecen a resentirse. El Congreso y la Casa Blanca pueden ir preparándose para recibir llamadas malhumoradas de todas partes.

Fortaleza inexpugnable

Conviene recordar algo que a veces se pierde en el ruido mediático. Desde la segunda guerra mundial, EEUU es el garante de la seguridad en el golfo Pérsico. Esto es así desde que el fundador de Arabia Saudita y Franklin Delano Roosevelt se reuniesen a bordo del Quincy en 1945. Uno aseguraba el suministro de crudo, el otro que ese crudo pudiese extraerse y transportarse sin contratiempos. Si pagamos el petróleo en dólares se debe en buena medida a eso mismo. Esta verdad elemental es la que ha moldeado toda la política exterior estadounidense en Oriente Medio a lo largo de los últimos 80 años.

De modo que si Irán consigue apretar lo suficiente a Trump para que ponga fin a la guerra antes de romper el bloqueo de Ormuz, los ayatolás habrán demostrado que tienen la capacidad de impedir que sus vecinos extraigan y vendan su petróleo. Eso significa que el régimen iraní podría, en el futuro, amenazar con provocar una crisis económica mundial a voluntad y acumular el arsenal necesario para hacer de su posición una fortaleza inexpugnable. En términos geopolíticos sería una derrota de proporciones históricas para EEUU. Hay otra lección que esta guerra está dejando y que no conviene pasar por alto.

El programa nuclear iraní es un elemento importante, pero las armas nucleares son solo una pieza del rompecabezas. Los misiles y drones iraníes ya han bloqueado el golfo sin necesidad de una sola ojiva nuclear. Si no se les pone freno ahora Irán pronto podría impedir cualquier ataque contra su programa nuclear con la simple amenaza de cerrar Ormuz. Es un círculo vicioso que se retroalimenta y que cada mes que pasa resulta más difícil de romper.

¿Cómo acabará entonces todo esto? Hay tres escenarios posibles. El primero sería una derrota clara y humillante de EEUU. La combinación de presión internacional y oposición interna obliga al Gobierno Trump a terminar el conflicto antes de restablecer el tráfico por el golfo. Un Irán maltrecho pero victorioso emergería tras haber demostrado que puede cerrar con muy poco esfuerzo la principal arteria energética del mundo y que, además, lo hace delante de las narices de la primera potencia militar.

El poder y el prestigio de EEUU, por no hablar de la carrera política de Trump, tendrían muy difícil recuperarse de semejante fracaso. El segundo escenario, el más favorable para EEUU, pasa por reabrir el golfo a las bravas y que eso provoque movimientos en Teherán de los que salga un nuevo Gobierno que haya aprendido la lección y que se muestre partidario de negociar. Eso seria una gran victoria para Trump y cambiaría el mapa de Oriente Medio de un modo que no se ha visto desde la revolución iraní de 1979.

Pero hay un tercer escenario en el que EEUU despeja el Golfo, pero el régimen iraní sobrevive magullado pero entero. En ese caso toda la operación Furia Épica pasaría a la historia como una gigantesca poda que no resuelve el problema de fondo, pero deja a Irán tocado durante unos cuantos años. El problema con las podas es que hay que hacerlas periódicamente porque las ramas vuelven a crecer. Desconocemos si habrá alguien que quiera empuñar de nuevo las tijeras.