Pedro Chacón-El Correo
El resultado de las elecciones en Castilla y León podría abocarnos a unas generales si la tendencia vista en Extremadura y Aragón se agudiza en contra del PSOE, esto es, si el PP sube algo más y Vox no lo hace demasiado. Entonces se habrán caído por su propio peso todas las sinsorgadas de laboratorio con las que nos ha querido entretener estas dos últimas semanas un presidente sin Presupuestos que no tiene nada mejor que hacer que endilgarnos mensajes de pancarta propios de esos típicos adolescentes que se hacen los incomprendidos, pero siguen colgados de sus progenitores. Aplicado a Sánchez, manejando desde La Moncloa con dudosa legitimidad un poder y una influencia enormes respecto del resto de sus competidores.
Empezó con el ‘No a la guerra’ de hace un par de semanas. Pero qué broma era esa. Un presidente del Gobierno de España colocándose por encima del bien y del mal, ajeno a todos los intereses geopolíticos en disputa, como si se empezara a dar cuenta por primera vez que vivimos en un mundo conflictivo y de violencia permanente desde que existe la humanidad sobre la Tierra. Y tuvimos que ver a todos los ministros coreando el lema, como en una asamblea de instituto de secundaria.
Y esta semana, nos dice que él es partidario del amor. No será verdad que se quiere apropiar también políticamente del amor. Y va y le pone a su campaña, o a su algoritmo, o a lo que sea, eso del ‘hodio’, con hache. ¿Y por qué no lo denomina del ‘hamor’? ¿Por qué la hache se la pone al odio y no al amor, es que tiene algo en contra de la hache? ¿Hasta qué punto delirante hemos llegado en esta legislatura con un presidente que, sin capacidad política para impulsar leyes, se dedica a promover fugaces campañas de eslóganes prefabricados por una peña de asesores que están todo el día en La Moncloa estrujándose el magín a ver con qué nos sorprenden para mantenernos ajenos a la extrema fragilidad del Gobierno?
La gente se tendría que dar cuenta de la pamplina. Por higiene mental. Y ver que todo esto ha estado enfocado en la campaña electoral de Castilla y León. Donde ya están en guardia también ante un SMI vasco superior. Se podría haber llegado a un acuerdo con la patronal ceñido al ámbito vasco, pero esta no quiere. O haber conseguido el apoyo de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, pero esta no se lo da. Con unos sindicatos vascos diferenciados: ELA por libre, LAB en sintonía con Bildu. Pero con la singularidad nacionalista vasca en juego y Sánchez que ya sabemos cómo mima ese tema y le da su particular amor, a pesar del episodio frustrado de la fábrica de baterías china. En Castilla y León, que está ahí mismo, donde se celebran elecciones autonómicas y cuya imbricación con lo vasco es tan intensa, lo del SMI vasco influirá. Y hoy veremos allí a dónde nos lleva ese ‘hamor’ de Sánchez por lo vasco.