Editorial-El Correo
- EE UU trata de implicar a otros países en un desbloqueo de Ormuz, incluso a China, que transita por el estrecho sin problemas
Donald Trump dio ayer por sentado que «muchos países enviarán barcos militares» para ayudar a Estados Unidos a «mantener abierto» el estrecho de Ormuz. El inquilino de la Casa Blanca lo comunicó a través de su red social, por lo que parece posible que las naciones convocadas ni siquiera fueran consultadas de forma previa. Entre los mencionados expresamente figuran cuatro aliados de Washington: Japón y Corea del Sur, especialmente sacudidos por la alteración del suministro de petróleo y gas; Francia, que baraja algún tipo de misión naval en la zona; y Reino Unido, que hace solo unos días vio despreciada una oferta de colaboración por plantearla «cuando la guerra ya está ganada».
El quinto supuesto participante en la operación, que no perseguiría mantener abierto el tránsito marítimo sino liberarlo de su bloqueo, es nada menos que China. EE UU pretende que su gran adversario geopolítico y económico renuncie a su privilegio de transitar por Ormuz y pagar en yuanes los 16 millones de barriles de crudo iraní que se calcula ha comprado a Irán desde el 28 de febrero. Trump lanza a Xi Jinping una propuesta-trampa. Le pide que cambie el entendimiento comercial con Teherán por una coalición con mando estadounidense que, de tener éxito, significaría que Pekín tendría que adquirir hidrocarburos a precios de mercado y en dólares. Una negativa china permitiría a EE UU acusar al gigante asiático de aprovecharse de la crisis mundial, culparle de querer socavar el petrodólar y presentarse a sí mismo como líder responsable.
Trump desató hace ya más de dos semanas una guerra que solo Israel le reclamaba. Ahora considera «destruida el 100%» de la capacidad militar del régimen teocrático, después de operaciones como el ataque la noche del viernes a la isla de Kharg –sin afectar a sus instalaciones de exportación petrolera–. Pero su escalada sin estrategia no impide que los iraníes manden sobre Ormuz con armas de bajo coste, una situación previsible antes de iniciar el conflicto y un atolladero del que Washington pretende salir con ayuda de países a los que trata como convidados de piedra. Y a los que golpea con la decisión unilateral de levantar las sanciones al petróleo ruso, que dificulta el compromiso de la UE con Ucrania. La reunión de ministros de Exteriores europeos mañana y la posterior cumbre deben alumbrar la respuesta de Europa al aventurerismo de la Casa Blanca