Braulio Gómez-El Correo
En el País Vasco, la ciudadanía confía más en los sindicatos que en los partidos políticos, que en las grandes empresas y que en los medios de comunicación pero menos que en el Gobierno vasco según el último Deustobarómetro de invierno. En una escala de 0 a 10 la confianza en los sindicatos se sitúa en el 4,1. En la última década su valoración ha subido un punto. La mayoría de los jóvenes entre 18 y 35 (59%) son lo que más confían en los sindicatos a pesar de que son los que registran más baja afiliación.
La afiliación a los sindicatos en Euskadi alcanza el 30% de los trabajadores, una cifra similar a la media de la OCDE, por debajo de países de gran tradición sindical y democrática como Suecia, Finlandia o Dinamarca con registros alrededor del 70% pero doblando la afiliación sindical de España. Tradicionalmente se ha explicado la fortaleza de la afiliación en Euskadi por la existencia de sindicatos propios con mucho peso. El País Vasco fue una de las zonas más industrializadas de España, lo que generó desde el siglo XX una fuerte tradición de organización sindical y huelgas. Todavía hoy, tienen más peso los sectores industriales que en otras comunidades con más empleo precario o de servicios.
La evolución de la afiliación sindical es descendente en la mayor parte de Europa, incluida España, con fuertes caídas en países como Alemania o Francia, pero en Euskadi desde 2010 se mantiene constante con más de 200.000 trabajadores afiliados. ELA es el sindicato mayoritario de Euskadi con una tendencia ascendente de afiliación en los últimos años representando más de la mitad de los trabajadores vascos afiliados.
Seis de cada diez trabajadores tienen sus convenios vigentes según el Consejo de Relaciones Laborales en un territorio que registra la mitad de las huelgas que se celebran en España al mismo tiempo que tiene el salario medio más alto del Estado, una de las tasas de paro más baja y con mayor renta disponible por habitante en los hogares. Los estudios comparados sostienen que en Euskadi hay más huelgas no porque el sistema funcione peor, sino porque los sindicatos tienen más fuerza, más afiliación y utilizan la huelga como herramienta de negociación efectiva, lo que en muchos casos se traduce en salarios y condiciones laborales relativamente mejores.
En el Deustobarómetro de invierno de 2023 preguntábamos también por el apoyo a distintas movilizaciones sindicales del sector público y la mayoría de la ciudadanía apoyaba las del personal de las residencias, las del sector de la educación, y las del personal sociosanitario. En cambio, se posicionaban en contra de las de los trabajadores de EITB y la Ertzaintza.
La ciudadanía vasca con las huelgas tiene sentimientos encontrados. Por un lado, la mayoría cree que es una medida de presión legítima y eficaz para alcanzar mejoras en las condiciones laborales (58%) y para impedir recortes en los servicios sociales (55,7%). Por otro, cree que siempre se instrumentalizan políticamente (69,35) y que también son utilizadas por los sindicatos para conservar su poder (54,9%).
Su legitimidad futura dependerá cada vez más de la capacidad de seguir conectando con una sociedad que cambia. Porque la fortaleza de los sindicatos no se mide solo por el número de afiliados o por su capacidad de convocar huelgas, también por la confianza social que son capaces de generar.