Juan Carlos Girauta-El Debate
  • He visto demasiadas veces a vicepresidentes autonómicos olvidando, a base de coches oficiales, pelotas y policías atentos, que deben su posición y prerrogativas al tirón electoral del líder. Y que sin ese líder se van a cero. Cero patatero

El interés objetivo de un puñado de discrepantes de un partido es bastante limitado. Hombre, merece atención si, por ejemplo, el líder tiene a casi todo su grupo parlamentario en contra, que es lo que le pasó a Sánchez a raíz de su «no es no». Fuera de casos tan espectaculares, si buscas descontentos siempre los encuentras. Los habrá en cualquier grupo humano porque los egos heridos, las ambiciones frustradas y la tirria al prójimo van en el pack social. Encima, los partidos son un imán para perfiles, digamos, peculiares. Ponle la lupa al PP y te saldrá una veintena de cargos que, calladamente, se detestan y conspiran. La señora Ayuso hizo una escabechina en su gobierno y en su grupo parlamentario. No recuerdo reportajes.

Es habitual asimismo detectar calladas jerarquías entre los de sangre vieja y los de sangre nueva. Callada, digo. En el momento en que se verbaliza, y no digamos si se esgrime como argumento de autoridad, la posible fuerza moral de la veteranía pierde su valor. Lo de «yo estaba aquí el primer día» no significa nada fuera de un circulito melancólico con olor a cerrado. Apuestas. Ganas o pierdes. Y te callas, salvo que te quieras convertir en un Jeremías profesional. Si aspiras al puesto de líder y te sale mal, lo suyo es retirarse discretamente. Un portavoz parlamentario se equivoca si cree que su cargo le da derecho a confeccionar listas. No se lo da, sé muy bien de lo que hablo. También hay portavoces que interpretan las decenas de micrófonos y cámaras que le rodean como interés hacia su persona. Coligen que su opinión particular es importante. Grave error. He visto demasiadas veces a vicepresidentes autonómicos olvidando, a base de coches oficiales, pelotas y policías atentos, que deben su posición y prerrogativas al tirón electoral del líder. Y que sin ese líder se van a cero. Cero patatero. Tengo una edad, ya lo he visto todo muchas veces.

También el espectáculo, entre triste y repulsivo, de la unanimidad en el factoide. Cuatro quintas partes de la prensa se ponen a las órdenes del partido que les unta con subvenciones y publicidad institucional a fin de convertir en noticia de portada las amarguras de tres rebotados, narrando una supuesta crisis que solo existe en sus cabezas. O ni ahí. Así reaccionan el PP y sus medios lactantes al crecimiento de Vox y al empuje de Santiago Abascal. A Ciudadanos lo mataron entre los desleales y los medios que, durante años, habían mimado el proyecto. A Vox no lo ha apoyado ningún medio, ha nacido y crecido en la selva hostil. Tiene más anticuerpos que Tarzán. Quien crea que va a repetir aquel asesinato político lo lleva claro. Una cosa ya consta para siempre: el PP no cree en la posibilidad de convivir y entenderse con Vox, solo cree en la necesidad de eliminarlo. Y esto, que siempre fue bastante evidente, es ahora una certeza de la que necesariamente se extraen conclusiones.