Alberto García Reyes-ABC

  • Puente no sólo continúa, sino que además ajusta cuentas con los adversarios políticos desde una supuesta atalaya moral que sabe Dios en qué se basa

Un par de comentarios sobre Trump, otro sobre Milei, algunos insultos a periodistas, una invectiva contra Feijóo, una crítica a las zapatillas de Ayuso… La máquina de la polarización de Óscar Puente no amaneció ayer con un recuerdo a las 46 víctimas de Adamuz al cumplirse dos meses de la tragedia. Tampoco había ninguna aclaración en sus redes sobre la avería en la vía de Málaga que va a dejar sin alta velocidad a la Costa del Sol en plena campaña turística de Semana Santa. Y de la «incidencia» del Centro de Control de Tráfico de Puerta de Atocha que demoró todos los trenes justo al cumplirse los dos meses del descarrilamiento mortal, nada. Para anunciar el descalabro malagueño mandó al lugar de autos, el tramo de Álora, al presidente de Adif, que se comió el marrón en la más profunda soledad. Unas semanas antes, curiosamente, el Gobierno vendió en Sevilla una maravillosa obra para conectar la estación de Santa Justa con el aeropuerto, pero no lo hizo el ministro habilitado, que es el de Transportes, sino la ministra de Hacienda, que casualmente es la candidata del PSOE en Andalucía. Si se aplica el criterio seguido hasta ahora, ¿no debería María Jesús Montero dar la cara en Málaga para motivar el desaguisado del AVE? El truco es soez: recursos del Estado para la campaña y desdén para la asunción de responsabilidades.

Imaginemos por un momento que un ministro de otro partido, pongamos del PP, fuese el responsable de las mayores demoras de la historia de la red ferroviaria, tuviese en su haber tal carrusel de averías, parones, retrasos y suspensiones, hubiese eliminado la cláusula de devolución del importe del viaje en caso de impuntualidad y, además, le hubiese metido media hora más de duración al trayecto entre Madrid y Sevilla después de 30 años haciéndose en dos horas y cuarto. ¿Podría seguir en su puesto? Imaginemos que en este contexto se produce un accidente con 46 muertos y un centenar de heridos por la rotura de una vía y a las 24 horas, otro, con un muerto en los Rodalies por la caída de un muro. ¿Organizaría el PSOE manifestaciones contra ese ministro si hubiese osado mantenerse en el cargo? Sin ánimo de fantasear, añadamos a todo esto que en la investigación se desvela que la vía del accidente no estaba bien mantenida o que, perdonen el exceso de fabulación, la juez descubre que los responsables del Gobierno se han llevado fragmentos del carril durante la primera madrugada, aún con cuerpos sin excarcelar del amasijo de hierro. Ese ministro no tendría dónde meterse para tapar sus vergüenzas. Pero el sanchismo puede resistir a todo esto porque grita ‘No a la guerra’ y lucha contra el odio. Y el ministro Puente no sólo continúa, sino que además ajusta cuentas con los adversarios políticos desde una supuesta atalaya moral que sabe Dios en qué se basa. Salvo que la hache de la campaña contra el ‘hodio’ la hayan puesto también delante del tren para aplicarle un poco de mudez: el ‘HAVE del hoprobio’. Y a callar.