Editorial-El Correo
- Los cuatro países de la UE que prometen ayuda para abrir Ormuz no aclaran cómo afrontar el pánico energético si sigue la guerra
Donald Trump repitió ayer que «el viajecito», como llamó a la agresión ilegal de Estados Unidos e Israel contra el territorio iraní, terminará «pronto». Unas palabras que no atenúan el pánico internacional por las repercusiones de la cadena de ataques israelíes y represalias iraníes contra instalaciones de producción y exportación de hidrocarburos. El más grave, el sufrido por el yacimiento gasístico de South Pars-North Fields, compartido por Irán y Catar y el mayor del mundo, elevó el precio del gas un 30% adicional y llevó al país árabe a anunciar que la planta no podrá recuperarse antes de cinco años. En lo inmediato, no podrá atender sus compromisos de suministro, entre otros, con Europa en pleno periodo de reabastecimiento para el próximo invierno.
El creciente coste económico de la guerra en Oriente Medio era el capítulo estrella de la cumbre de jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea ayer en Bruselas. La creciente afección de los bombardeos a instalaciones en el golfo Pérsico se suma al bloqueo por Teherán del estratégico paso de Ormuz. Pese a la negativa inicial a atender la petición de ayuda de Trump y la censura mayoritaria al conflicto desatado por EE UU e Israel, cuatro de los socios sentados en el Consejo Europeo -Alemania, Francia, Italia y Países Bajos- se unieron a Reino Unido y Japón en una declaración en la que se dicen dispuestos a «contribuir a los esfuerzos necesarios para garantizar el paso seguro» por el estrecho. Sin precisar con qué medios y cuándo.
A diferencia del secretario general de la ONU, que dijo a estadounidenses e israelíes que «es hora de poner fin a esta guerra» y pidió a los iraníes que «dejen de atacar a sus vecinos y abran Ormuz», la recién nacida coalición carga toda la responsabilidad en Teherán, sin explicar cómo se puede asegurar la libertad de navegación con la guerra en plena escalada. La Casa Blanca tampoco es ajena a la convulsión energética, hasta el punto de que sopesa levantar las sanciones contra el petróleo de Irán para reforzar el suministro mundial y evitar que lo capitalice China. La dirección improvisada del conflicto que exhibe Trump es una preocupación añadida para Europa.
La cumbre comunitaria fracasó en el otro gran asunto de la agenda, el crédito de 90.000 millones a Ucrania que el bloqueo de Hungría y Eslovaquia impide hacer efectivo. Víctor Orbán no puede esconder que fía su reelección a la pugna con Bruselas.