Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- Tras Castilla y León, el partido de Abascal se hunde en una crisis con aire de ‘vendetta’ y telenovela
La política española es veloz y destructiva. En 2022, tras las elecciones en Castilla y León, Santiago Abascal le decía a Juan García-Gallardo, el de la barba florida, que había que ver qué cara de vicepresidente autonómico se le estaba poniendo. Y así fue. Cuatro años después, es el exvicepresidente Gallardo, qué barba tan vellida, el que le dice a Abascal que está cobrando un tercer sueldo de Vox a través de su mujer. El escándalo llega tras el encastillamiento de Abascal como líder supremo y la expulsión de los fundadores del partido y tiene aires de ‘vendetta’. De una que, pese al buen momento electoral, tuviese lugar en medio de un naufragio. Por eso Iván Espinosa de los Monteros -en su barba no anida el Romancero, su esponjosidad es ‘business friendly’- recorre los platós pidiendo un congreso extraordinario. Y Carlos Quero -además de barba lleva pendiente: es la nueva joven promesa del partido- le sitúa en la órbita del PP (¡traición!), recibiendo ofertas para ser ministro en «almuerzos en los alrededores del Congreso».
Falta Ortega Smith. Él no tiene barba, pero fue boina verde. Le han querido echar de todos lados, pero no rinde la portavocía en el Ayuntamiento de Madrid mientras le recuerda a Abascal quién le llevó el divorcio y consiguió que se quedase con la casa. Tanta hidalguía y Vox es de pronto una telenovela de las de dinero, romance y ambición. También un batiburrillo ideológico en el que conviven tradicionalismo, anarcocapitalismo, trumpismo, rigorismo preconciliar, obrerismo y rollo criptobro. La crisis en el partido llega cuando se aviene a negociar con el PP, partido que estima conveniente ligar su futuro, y el de el país, a semejante almacén de explosivos. Ayer Ignacio Garriga difundió correos en los que Ortega Smith pedía la cabeza de Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio mientras estos le recomendaban tratamiento psiquiátrico. Ortega Smith respondió remitiéndose a la pasta y al chanchullo: «Garriga, espero que tu próxima filtración sea el modelo 347». El vicepresidente de Vox la barba la tiene recortada y colonial. Mihail Sebastian apuntaba en una novela la necesidad de reflexionar sobre la «sobreabundancia de barbas en periodos de efervescencia social, en los años de revolución o descomposición».
Petróleo y kalashnikov
Cuba está ocupando el lugar que antes ocuparon Venezuela e Irán en las peroratas de Trump. Hace unos días, el presidente anunció que será un honor tomar la isla, entre otras cosas porque no se encuentra en zona de huracanes. Sí, yo pensé lo mismo: ¿pero Mar-a-Lago no está en Florida? ¿No mira este hombre por la ventana? Ayer el secretario del Tesoro estadounidense pronosticó que el cambio de régimen en Cuba será «a cámara lenta». Es el responsable de la política financiera del país y debe de estar haciendo cuentas. Sin el petróleo venezolano, en Cuba ha caído el apagón, pero no el de cada noche en La Habana, sino uno perpetuo que demuestra una absoluta indefensión ante el poder arbitrario de una superpotencia desbocada. En la isla, el régimen hace llamamientos épicos a la resistencia y Silvio Rodríguez ha pedido su kalashnikov del joven soldado. Entre nosotros, Pablo Iglesias se enrola en una flotilla y Enrique Santiago advierte a Estados Unidos de que los cubanos son los hijos de Martí. Cómo ha quedado desactivada toda esa chatarra. Los venezolanos son los hijos de Bolívar y de Maduro no se acuerda nadie. China y Rusia lo olvidaron al instante. Delcy y el resto de jerarcas puede que lo hiciesen incluso antes.