Iñaki Ezkerra-El Correo
- El Día del Padre se ha vuelto políticamente incorrecto cuando aquí cabemos todos
El Día del Padre se ha vuelto políticamente incorrecto en este tiempo nuestro en el que existen diversas modalidades de familia, muchas o algunas de las cuales carecen de esa figura que la tradición católica había identificado con la de San José. Como alternativa léxica a esa festividad que tuvo lugar ayer, y que hay quien considera hiriente para determinadas sensibilidades, una profesora de Jerez ha propuesto, en un audio que se ha hecho viral, el Día de la Persona Especial, que no tendría por qué ser ni siquiera un pariente sino que podría ser un amigo de la familia o un vecino, esto es, «la persona con la que el niño más juega y más se divierte».
La verdad es que, si de lo que se trata es de no herir a nadie, la solución de esa creativa educadora no parece la más acertada. La criatura puede tener dos madres, dos padres, cuatro abuelas o cuatro abuelos mortalmente aburridos, que lo quieran mucho y a los que quiere mucho, pero que se sentirían ninguneados cuando el criterio que prima para la celebración es solo la diversión. Yo recuerdo con cierta pena que hubo un momento en mi infancia en que me dejaron de hacer gracia los trucos de cartas que me hacía mi abuelo y que, sin embargo, le seguí el juego durante un cierto tiempo para no entristecerle y en virtud del cariño que continuaba sintiendo por él. Creo que aquel infantil esfuerzo amoroso, aquellos elementales ejercicios de piedad fueron para mí mucho más educativos, más constructivos, más humanamente enriquecedores que lo que de verdad me atraía por aquella época, que eran los westerns de la tele. Me enseñaron que en la vida había otras cosas que hacer aparte de divertirse.
Por otro lado, tampoco me parece muy pedagógico poner a los niños en la situación de elegir al pariente, al amigo, al adulto preferido, a ‘la persona especial’ de la que habla esa jerezana docente. Y es que también recuerdo de la niñez la ingenua artimaña de decirles a cada una de mis tías y mis tíos por separado que eran mis preferidos para sacarles algo. Llevar a un crío por ese camino de la elección a la carta de los mayores que le hagan fiestas es malearlo, iniciarlo en el arte de la hipocresía, convertirlo en un interesado prematuro.
Leo en un digital que la profesora ocurrente de Jerez ha desatado la ira de Bertín Osborne, de quien se recogen unas sutiles declaraciones: «¿Que no se puede celebrar el Día del Padre? Y cuándo sea el Día de la Madre, ¿qué será?, ¿de la madre con bigote o qué coño va a celebrar esta tía?…» El debate público en este país ya es pura casquería, cuestión de vísceras, cuando aquí cabemos todos. Caben el LGBTI, las familias homoparentales y las clásicas. Lo que no cabe es prohibir ni que los perseguidos de ayer sean los perseguidores de hoy.