Ignacio Camacho-ABC

  • Sánchez anunció la rebaja fiscal de las energías con la expresión afligida de quien acepta una dolorosa renuncia política

Los guionistas de Moncloa ya han terminado de armar el relato sobre la guerra. Además de que es contraria a derecho, cruel y de duración y desenlace inciertos, lo cual es verdad en éste y en casi todos los conflictos bélicos, nos cuesta dinero que nuestro providencial Gobierno podría destinar a inversiones sociales… en el caso hipotético, claro está, de que tuviese aprobados unos Presupuestos. La narrativa apunta de forma oblicua a la responsabilidad del PP, que como todo el mundo sabe ha ordenado los bombardeos que tienen «muy enfadado» (sic) al bueno de Pedro, y recupera la consigna pandémica de salir más fuertes, aunque del covid hubo ciento cuarenta mil compatriotas que simplemente no salieron. Pero el tono dolido del presidente lo que más parecía lamentar es el esfuerzo que le supone recurrir, siquiera por un tiempo, a la rebaja de impuestos energéticos, una medida insoportable para un dirigente ‘de progreso’. La anunció como si en vez de una buena noticia se tratase de un padecimiento.

Contexto: de cada dos euros que los españoles pagan por la gasolina, uno es para Hacienda, que durante tres semanas ha estado recaudando decenas o cientos de millones extra no sólo a cuenta del alza de los combustibles derivada de la contienda sino de la de todos los productos cuyo precio ha subido por repercusión indirecta. Más contexto, omitido pudorosamente en la comparecencia: la reducción provisional de esa fiscalidad había sido sugerida por la odiada derecha junto con la de la factura eléctrica, y descartada en un principio por el mismo Ejecutivo que ha terminado adoptando ambas propuestas. Bien está; cuando una decisión es acertada no hay que discutir su paternidad sino aplaudir su conveniencia. Ya dijo Zapatero que bajar los tributos también podía ser una idea de izquierdas, aunque la facción comunista de la coalición no esté muy de acuerdo y haya sido menester convencerla a cambio de un decreto paralelo sobre vivienda condenado, por falta de mayoría, a quedar en vía muerta.

Este último episodio desembocó en un sainete muy simpático. El plante de los ministros de Sumar antes del Consejo debió de resultar momento digno de ser presenciado y retransmitido en directo para solaz de los ciudadanos. «Salseo», dijo Sánchez, consciente de que sus socios nunca iban a dar el paso de abandonarlo; puro postureo para contentar a los simpatizantes desencantados tras el descalabro electoral castellano. Política espectáculo; hicieron el numerito de negarse a entrar en la reunión para acabar aceptando como premio de consolación un decretito carente del imprescindible apoyo parlamentario. Retirarse de cinco ministerios supondría dejar sin trabajo a unos trescientos altos cargos y renunciar a una millonaria capacidad de reparto de subvenciones y contratos. No es cuestión de ponerse tan dramáticos; se protesta y se patalea de mentirijillas durante un rato pero después de tanto remar sería un sinsentido bajarse ahora del barco. Merece la pena sacrificarse ‘gobernando’ durante otro año.