Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

  •  Entre las consecuencias económicas de la guerra, la falta de presupuestos y los enredos políticos es mejor disfrutar porque podría ser aún peor

A primera hora decidí dedicar este comentario semanal a las consecuencias económicas de la guerra. Me parecía lo más evidente, lo más urgente y lo más necesario. Los precios de los carburantes prosiguen su escalada y más que lo van a hacer, lo que empujará hacia arriba a los tipos de interés para tratar de frenar la inflación. Ya veremos si lo consiguen. La barrera de las grandes instalaciones de petróleo y de gas, que ahora estaban acogidas a ‘sagrado’, saltan por los aires y abren una nueva fase de la guerra que está descontrolada. Luego me di cuenta de que todos los ‘listos’ coinciden en asegurar que afectará a los precios de la energía, según sea su duración, aunque parece ser que ni el BCE ni la FED se sienten de momento ‘empujados’ por la situación, así que, como no sabemos cuánto durará el conflicto, lo deseché.

Aunque me venía mal por la hora, supuse que las decisiones que fuera a tomar el pasado viernes el consejo de ministros era una buena alternativa, dado que se trataba de medidas paliativas de las esperadas consecuencias. Pero me ha parecido al final una especie de parto de los montes, un apaño entre las rebajas fiscales exigidas por la oposición y las ayudas a la vivienda solicitadas por el ala zurda del Gobierno que supondrá un alivio, pero que nada arreglará de lo que no podemos arreglar solos. Mucho dinero, pero demasiados problemas acumulados. Así que cambié de tercio.

Se me ocurrió acercarme a nuestra realidad y hablar de presupuestos ya que, a este paso, vamos a cumplir toda una legislatura sin presentarlos por unas u otras razones, toda en blanco, de espaldas al mandato constitucional y de frente a la vergüenza nacional. Podría añadirle la descarada intromisión del Gobierno en el mundo empresarial, con la apestosa injerencia en el trío Telefónica, Indra y Escribano. Pero también me desanimó el comprobar la desenvoltura con que lo asume el Gobierno y el escaso impacto que tiene en una sociedad adormecida por la morfina de la costumbre. Si a nadie le importa, será que no es importante, ni siquiera la abultada fortuna inmobiliaria que disfruta el exministro Miquel Iceta.

Así que cambié de tercio y me acerqué al alborotado gallinero en el que hozan nuestros partidos, en el que me encontré de bruces con el descalabro de la izquierda de la izquierda del PSOE, desaparecida del espectro electoral, y los enredos de los dirigentes de Vox empeñados en ponerle freno a su ascensión. ¡Qué pereza! Pocas nueces. También pensé en hablarles del caos ferroviario de Málaga en plenas vacaciones, o de las severas penas solicitadas por la fiscalía en el caso ‘Cenyt’ y el BBVA. Por cierto, ¿quién pagará las multas solicitadas al propio banco si se confirman en la sentencia? ¿Los dirigentes concernidos o el consejo que los dirigía y controlaba? Lo segundo es posible que sea muy riguroso, pero, si no tiene consecuencias, ¿cómo impediremos que se repitan los hechos?

Total, que entre unas cosas y otras se me acaba el espacio. Pero antes compruebo escandalizado que este comentario solo contiene dramas y lamentos y, por el contrario, debería contener esperanzas. Correcto, pues entonces ahí va esta que he buscado con ahínco. Disfruten de todo esto, pues podría ser peor aún. Podría llover, y los meteorólogos anuncian que es muy posible que la próxima semana llueva. Están advertidos…