Jesús Cacho-Vozpópuli
- Escribano salió vivo de Moncloa, pero muy tocado, porque en la práctica su único cliente es el Estado
Todo lo que Moncloa dice ahora que sabe sobre Ángel Escribano (AE) y su hermano Javier, ya lo sabía cuando fueron a buscarles a su taller de Alcalá de Henares para elevarlos a los altares de Indra, el “campeón nacional” de Defensa español capaz de epatar a los Rheinmetall, Thales y Leonardo. La relación, que había comenzado con motivo de la pandemia (los respiradores encargados a Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), 40 millones a tocateja y ninguno bueno), se había consolidado con ocasión de la ruptura del matrimonio formado por Manuel de la Rocha y Érika Rodríguez Pinzón, esa señora a quien Moncloa enchufó en febrero de 2024 en la Fundación Carolina (alegremente financiada por el Ibex 35), y a quien este mes de enero Rodríguez Zapatero ha colocado en su Gate Center chino. Ángel y Javier soportaron en su hombro los lamentos, copas hasta el amanecer, del jefe de la oficina económica de Su Sanchidad durante el doloroso proceso de divorcio. Allí se hicieron íntimos. De modo que lo sabían todo. De pe a pa. Ellos lo eligieron para colocarlo al frente de Indra cuando Sánchez desembarcó a Marc Murtra en Telefónica. Y hacen un pacto. Te vamos a hacer muy rico a cambio de que tú nos hagas rico a nosotros. Y le adjudican contratos a mogollón. Y le dan más de 7.000 millones a interés cero. ¿Qué ha pasado para que el troquelador de Coslada que era nuestro héroe se haya convertido en un apestado menos de 12 meses después? ¿Por qué Pedro, porque todo lo maneja Pedro, ha decidido ahora quitárselo de en medio? La única respuesta posible es que alguien no ha cumplido las condiciones del pacto. Alguien no ha puesto lo que dijo que iba a poner en lugar seguro, como se había comprometido. Estamos gobernados por una auténtica mafia. Sigan el rastro del dinero.
Entonces, ¿qué ha pasado? Que AE les ha salido rana, que no se deja manipular, que no les va a dejar meter mano en Indra como ellos querían. Que ha puesto mala cara cuando le han pedido “coloca a Fulano y a Mengano”. Y no les va a dejar robar lo que ellos pensaban. Todo hubiera sido distinto si el chico de Coslada fuera de otra pasta, más maleable, menos avaricioso, más prudente. Si se hubiera avenido a compartir “la súbita riqueza de los pobres de Kombach”. Pero Escribano lo quiere todo para sí. En el universo de las pequeñas empresas de defensa, todas de chichinabo, para qué engañarnos, echan pestes de Indra y de su presidente. Todos a mis órdenes o todos muertos. La SAPA Placencia vasca, por ejemplo, con Jokin Aperribay al frente (un calco de Escribano, tan rapaz y codicioso como Escribano pero con batzoki). Santa Bárbara Sistemas, por ejemplo. Pero Santa Bárbara es caza mayor al colgar de la multinacional General Dynamics (GD), el gran proveedor de armamento del ejército USA. Santa Bárbara le hubiera dado a Indra el expertise del que carece en la fabricación de material de guerra. “Pues como no me dejan comprar Santa Bárbara, entonces me compraré mi propia empresa”, vino a decir casi literalmente AE. Y llega a valorarla en 2.000 millones. Con la cara de cemento armado que le caracteriza, Sánchez dice que no sabía nada del flagrante conflicto de interés inmanente en esa operación y lo mismo repite la cacatúa sevillana que oficia como vicepresidenta del Gobierno y ministra de Hacienda. Lo sabían desde el principio. Estaban al cabo de la calle, pero entonces Escribano era “uno de los nuestros”.
Ya no lo es. Y se lo quieren cepillar a toda prisa. Sánchez, el capo que hace subir o bajar, que ensalza o mata candidatos, ha dado la orden de acabar con él. ¿Por qué ya no le gusta Escribano? Y Pedro llama a su amanuense De la Rocha, un chico que probablemente no pasaría de jefe de negociado en una sucursal bancaria de provincias, y le dice, quiero a este tipo fuera mañana mismo, y De la Rocha llama a Belén Gualda, la chica que han colocado al frente de la SEPI y le ordena lo mismo, “a la puta calle cuanto antes”, porque él ya no es amigo de los Escribano. Y la señora de SEPI saca un comunicado que es un jeroglífico, una ofensa al noble idioma castellano, aludiendo al “conflicto de interés”. Y la CNMV callada como una puerta. País reducido a escombros, donde nadie cumple con su deber, ninguna institución funciona, todo el mundo a las órdenes del nuevo Michael Corleone. A Escribano le quieren hacer un Pallete, pero Escribano no es Pallete. AE es un hombre hecho a sí mismo con aspecto de paleto mal pertrechado, cierto, pero muy inteligente y trabajador, un hombre de poder, dominado por una soberbia ambición de poder, que da la casualidad, además, de que es dueño del 14,3% del capital de Indra y cuenta con el respaldo de los fondos invertidos en la sociedad, lo cual le ha llevado a decirle al presidente de un Gobierno que no gobierna que por aquí se va a París. Una peineta monumental. Cuenta también con la Bolsa, porque cuando SEPI dice que AE se tiene que ir, la acción se hunde, y cuando AE responde que ni hablar, que él se queda, el valor se recupera, como si el mercado se hubiera creído esa baladronada según la cual “yo soy el único que puede hacer realidad en este país un gran campeón de Defensa”.
Un desaire que ha mostrado las miserias de un Gobierno puesto en evidencia por el chico de Coslada que se manchaba las manos de grasa en el taller mecánico de su padre. Este viernes tarde acudió por fin Escribano a la oficina de De la Rocha en Moncloa, presidencia del Gobierno. El presidente de una empresa del Ibex 35, una cotizada, acude mansamente a exponer su cuello a la fina lama de acero de la guillotina que maneja el poder corrupto que nos gobierna. Una situación inaudita en un país democrático con economía de libre mercado. Una operación típica del peor chavismo, un “exprópiese” de manual. Escribano no podría haberse negado a comparecer en la sede de SEPI, primer accionista de Indra, pero jamás debería haber acudido a esa cita en Moncloa. Encerrona de libro. Y allí un De la Rocha muy castigado por los arrebatos de ira del gran jefe (“eres un inutil, no haces una cosa bien”) le pone contra las cuerdas, lo atosiga, te tienes que ir, le amenaza (“es mucho dinero el que nos estamos jugando”), y AE lo pasa muy mal, pero resiste la embestida. Porque cuando en enero del 25 decapitaron a Pallete por el mismo sistema, De la Rocha (es decir, Sánchez) se había procurado antes el apoyo de la mayoría del Consejo de Telefónica para cesarlo, pero ahora es Escribano quien aparentemente tiene esa mayoría en Indra, de manera que si queréis echarme ya sabéis lo que tenéis que hacer: convocad un Consejo extraordinario y a ver qué pasa. Escribano salió vivo de Moncloa, pero muy tocado.
Porque el talón de Aquiles de los hermanos es que en la práctica cuentan con un único cliente que es el Estado, es decir, el ministerio de Defensa que ahora dirige Margarita Robles, lo que les coloca en una posición de casi absoluta dependencia del poder político. “Es la primera vez en mi vida que veo que un empresario cuya cartera de pedidos depende del Gobierno se enfrente al Gobierno” dice el ex ministro Miguel Sebastián, consejero de Indra en representación de SEPI, y uno de los candidatos a suceder a AE (“a mí me ha tenido engañado hasta diciembre”). Y mientras el ruido de sables en Alcobendas inunda los medios, el corazón industrial de la sociedad languidece, porque en medio de esta cruenta refriega por el poder nadie se ocupa de lo esencial: la capacidad industrial para fabricar los carros de combate y los obuses que Indra se ha comprometido a entregar en los plazos previstos. Pasar de ser una empresa líder en sistemas de aviónica a convertirse en un fabricante de tanques y vehículos blindados exige un expertise del que la sociedad carece. “Está por ver si van a ser capaces de producir lo que han firmado; me temo que cuando llegue el momento de las entregas se producirá el gran follón. Y otro tanto ocurre con la filial Minsait (Tecnologías de la Información), dos tercios de la facturación del grupo y 45.000 personas en nómina, la mitad de las cuales podrían irse a la calle en menos de un año por los estragos que la IA está causando en el negocio. Están muy ocupados en sus guerras y la gestión está parada. Esto puede explotar”. De la gestión debería ocuparse en exclusiva el consejero delegado José Vicente de los Mozos, un tipo de brillante currículum pero cuyo papel en este embrollo no está nada claro y al que algunos califican de “agente doble”.
Quizá el error inicial resida en la pretensión de construir un gran campeón nacional encomendando la tarea a empresas como EM&E o SAPA que carecen de auténtico músculo industrial y financiero y que además están muy endeudadas. En el momento en que alguien les pone a los mandos sabe que la chispa saltará más pronto que tarde, porque cada uno mirará por lo suyo. El conflicto de interés está servido. Al hacerlo, además, el Gobierno Sánchez ha tomado una opción de política estratégica muy peligrosa excluyendo del reparto del pastel al gigante americano GD, que ha recurrido ante la Audiencia Nacional la concesión de esos 7.000 millones a Indra marginando a Santa Bárbara e involucrando de paso a Bruselas en este conflicto español. Una decisión arriesgada para nuestro autócrata, un tipo acostumbrado a jugar con fuego, como el embajador norteamericano en Madrid, Benjamín León Jr., se encargó de recordar hace escasas fechas a la pintoresca ministra Robles en su despacho del ministerio de Defensa. Escribano parece sentenciado, por mucho que haya renunciado a la fusión de EM&E con Indra. Demasiado tarde, también, para jugar con los tiempos políticos y la eventual llegada del PP al poder, ello contando con la presencia en Génova 13 de un señorín de apellido Nadal, de los Nadal de toda la vida, a quien la presencia de AE en Indra le parece “un horror”. Ocurre que Sánchez le quiere muerto y no parará hasta conseguirlo. Hay quien sostiene, no obstante, que “los hermanos tienen info suficiente para hundir el barco de Moncloa y van a enseñar los dientes. Esta va a ser una guerra cruenta: los respiradores del Covid que fabricó Escribano y la corrupción en el seno de SEPI”. Resistir frente a un Gobierno, siquiera en estado comatoso como este, sería una pura heroicidad. La próxima batalla, la reunión del Consejo de Administración prevista para este miércoles 25 de marzo.
Una guerra sin prisioneros en la que participan muchos cazadores de recompensas, además de bufetes de abogados, bancos de negocios, agencias de comunicación, editores y periodistas. El caso más notable, por escandaloso, es el de Iván Redondo, ex jefe de Gabinete de Sánchez, hoy a sueldo de Santa Bárbara (GD) -se dice que a razón de 170.000 euros mes, con un bonus de 20 millones en caso de que consiga deshacer la operación y enviar a los hermanos Escribano de vuelta a Coslada-. Al lado de Redondo trabaja, entre otros, el general de Brigada de artillería Miguel Ángel Ballesteros Martín, quien fuera director del Departamento de Seguridad Nacional entre 2018 y 2023 a las órdenes del propio Redondo. Que el citado se pasee por la sede de SEPI como Pedro por su casa, además de naturalmente por Moncloa (el profeta que predijo el futuro de Yoli Tenacillas como primera presidenta del Gobierno de España vuelve a comerle la oreja a Sánchez) pone en evidencia la deslumbrante corrupción que hoy rodea al “caso Indra”, ejemplo típico de comportamiento mafioso de un Gobierno “incapaz siquiera de gestionar una piscina” (José María Olmo). Estamos gobernados por una auténtica mafia, un hampa que ahora se apresta a buscar un sustituto de confianza para un AE cuyos días parecen contados. Tendrá que ser uno de los nuestros de verdad. Suena el nombre de Raúl Blanco, ex presidente de Renfe y ahora a las órdenes de Aperribay en SAPA como director de estrategia (nuevo conflicto de interés a la vista), el ya citado Sebastián o, en fin, ese eterno comodín que responde al nombre de Ángel Simón, ex de Criteria (más poder para el PSC). En todo caso, alguien que nos asegure que podremos hacer de Indra, como hemos hecho de Telefónica, nuestro patio de recreo, y alguien que nos deje mangonear y que nos haga ricos, sobre todo eso, que nos haga ricos y nos ponga en Dominicana lo que Ángel Escribano parece que no ha querido ponerles. Tiene razón De la Rocha cuando afirma que “hay mucho dinero en juego”. Nada menos que 70.000 millones en los próximos dos años.