Editorial-El Correo

  • Ante la posibilidad de una nueva crisis de suministro, las nucleares se presentan como una opción realista

La guerra entre Rusia y Ucrania expuso la dependencia estratégica de Europa frente al gas ruso y abrió el debate sobre la necesidad de diversificar el suministro energético. Asimismo, el apagón del año pasado puso en cuestión el planteamiento del Gobierno de España de fiarlo todo a las energías renovables, habida cuenta de que todavía no pueden dar respuesta a las necesidades energéticas industriales y ciudadanas. El recrudecimiento de la crisis en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz ha reabierto este debate que no había llegado a cerrarse. La necesidad de apostar por una opción estratégica más segura se presenta ahora como ineludible.

Sin embargo, la lectura del contexto geopolítico no es igual en todos los sitios. Mientras la Comisión Europea ha admitido que cerrar las nucleares fue un «error estratégico» y ha anunciado inversiones para fortalecer la construcción de reactores, el Gobierno de Pedro Sánchez sigue confiando su autonomía energética a la energía solar y eólica, porque, en palabras de la ministra Aegesen, «el sol y el aire no pueden ser bloqueados como el estrecho de Ormuz». Afirmación cierta, sin duda, pero que se hace eco de un falso dilema: la cuestión no es si las energías solar y eólica son limpias –que lo son–, deseables –que lo son– o una apuesta necesaria por parte del Gobierno de España, y aun de todos los del mundo. La cuestión es si resultan suficientes, tanto para hacer frente a la demanda energética actual como para lograr la tan cacareada soberanía estratégica ante la imprevisibilidad de los actuales escenarios geopolíticos.

La economía española puede resistir el órdago de Irán por varias razones, gracias a la diversificación de su suministro —hacia países como Argelia, Estados Unidos o Nigeria— y la abundancia de energías renovables. De momento, el Gobierno mantiene imperturbable su compromiso con las energías limpias. Pero España aún cubre un 20% del mix energético a través de la energía nuclear, lo cual sugiere que las centrales siguen siendo necesarias para mantener la estabilidad de la red. Un apagón como el del año pasado, pero más sostenido en el tiempo, podría tener consecuencias graves en la sociedad y la economía españolas. Por ello, ante la posibilidad de una nueva crisis energética, las nucleares se presentan como una opción realista para el mix energético.