Editorial-El Correo

  • A un año de las presidenciales, izquierda y derecha afianzan su poder local en Francia pero sin candidato que oponer al auge ultra

La segunda vuelta de las elecciones municipales en Francia depara uno de esos momentos en los que prácticamente todas las fuerzas políticas encuentran datos por los que felicitarse. El Partido Socialista (PS) conserva el escaparate privilegiado de la Alcaldía de París después de una batalla final menos reñida de lo esperado contra la exministra Rachida Dati, una aspirante fallida. Los conservadores clásicos de Los Republicanos (LR) siguen firmes en el ámbito local, pero no en las grandes urbes; solo en una versión radicalizada arrebatan Niza cuando ya la acariciaba la ultraderecha. Reagrupación Nacional (RN) avanza en núcleos medianos y con solo 600 listas -eran 35.000 los municipios en liza- multiplica por siete su número de ayuntamientos. Los Verdes, castigados por su gestión, no revalidaron la ola de 2020. Tampoco tiene mucho que celebrar La Francia Insumisa: solo dos núcleos de más de 100.000 habitantes y el silencio de Jean-Luc Mélenchon la noche del domingo indican expectativas frustradas.

El partido de Emmanuel Macron, Renacimiento, y sus afines confirman la incapacidad de implantación local de un presidente que dirige Francia desde 2017. Hasta el veterano François Bayrou se despide de Pau. Solo la victoria del ex primer ministro Edouard Philippe en Le Havre permite a los centristas soñar con un teórico éxito futuro. Philippe es el único con aspiraciones explícitas de suceder a Macron en el Elíseo. Para esa pugna, que llegará en poco más de un año y que la ultraderecha lidera en los sondeos, las municipales solo dejan incógnitas.

Las huestes de Marine Le Pen afrontan la batalla de 2027 con la casi total certeza de que su líder carismática quedará excluida por inhabilitación judicial. RN necesitará entonces todo el impulso que pueda llegarle de Washington y Moscú para catapultar al todavía inexperto Jordan Bardella. Los socialistas, por su parte, ganaron París contra los ‘insumisos’ y se hicieron con Lyon en alianza con los mismos progresistas radicales. Pero, en general, la cercanía de Mélenchon lastra a la izquierda tradicional, lo que proscribe la reedición de la entente que obtuvo la victoria, inútil a la postre, en las legislativas de 2024.

Todo está por hacer en el enorme bloque moderado de socialistas, conservadores y macronistas: encontrar candidatos atractivos y programas que ilusionen al 43% de abstencionistas. Entretanto, deben concentrarse en que el triunfo ultra no es inevitable.