Ignacio Camacho-ABC

  • En Andalucía el muro de Sánchez tiene una grieta por donde aún se filtra al centro derecha parte del voto de la izquierda

En junio de 2022, tras un primer mandato en coalición con Ciudadanos, apoyado desde fuera por Vox, Juanma Moreno se conformaba con un resultado que le permitiese formar Gobierno en solitario. La mayoría absoluta era entonces un horizonte más bien lejano, que terminó haciéndose real gracias a la pésima campaña de Macarena Olona y a una carambola que volcó a su favor los restos determinantes de los últimos cuatro escaños. Un cuatrienio después continúa teniendo asegurada la Presidencia de la Junta pero la idea de quedarse corto de respaldo para gobernar con plena autonomía le persigue como el fantasma de un relativo fracaso. Y es una posibilidad verosímil porque los motivos de decisión de voto pueden ser ideológicos, emocionales, sociológicos, inerciales o biográficos, pero el desenlace del escrutinio depende de un factor puramente matemático: el que rige el sistema electoral cuando un tercer partido alcanza un porcentaje lo bastante alto para irrumpir con fuerza en el reparto de diputados.

Bastará con que Vox crezca dos o tres puntos, que podrían ser más, para que su facturación disipe la actual mayoría. Las encuestas le pronostican una subida considerable en al menos tres provincias: Málaga, Huelva y Almería. En cada una tiene a tiro un parlamentario más, que podrían ser dos en la tercera si logra arrebatarle uno al PSOE, y tal vez otro en Sevilla. Si el PP se deja más de cuatro Moreno perderá la estabilidad que exhibe como principal activo de su liderazgo y tendrá que negociar cada ley o cada medida como si fuese al dentista. Es difícil que baje del 40 por ciento del sufragio, porque ha consolidado un estilo templado de gestión –la llamada ‘vía andaluza’– que genera muy poco rechazo en un electorado proclive a la rutina institucionalista, pero esa cifra no le garantiza el cumplimiento de sus expectativas. Necesita un esfuerzo final en una campaña donde los adversarios tratarán de destruir su trabajado halo de empatía. De momento arranca con la aritmética cuesta arriba.

Su principal baza consiste en que en Andalucía no es imposible el trasvase de voto entre el conservadurismo moderado y la izquierda. El muro de Sánchez tiene una grieta abierta, como demuestra la notable facturación de los populares en zonas rurales donde los socialistas fueron hegemónicos durante tres décadas. En ese sentido, las perspectivas de María Jesús Montero son bastante débiles; su partido ha perdido la pujanza orgánica y la cohesión interna que tanto éxito le dieron en otra época, y el descriptible tirón de su figura suma poca potencia; nunca ha sido muy popular en ninguna parte ningún ministro de Hacienda. Su candidatura corre el riesgo de perforar el suelo de Juan Espadas, y su voluntad de permanecer en el Congreso es toda una declaración de confianza en sí misma y de compromiso con su tierra. Por ahí tiene Juanma una oportunidad mayor que la de disputar el terreno a su derecha. O lo que es lo mismo, de demostrar que la vocación de transversalidad aún no representa una mala apuesta.