- Publicado el miércoles, 25 marzo 2026 por Santiago González en su bloc
Debo a Antonio Lucas la lectura de la columna de opinión más desdichada de los últimos años. La publicó ayer en El Mundo y se titulaba ‘Un futuro tan incierto por una sola bestia’. La bestia es naturalmente Donald Trump, a quien dedica a lo largo de la pieza las descalificaciones siguientes: “sujeto infame, incompetente y arrogante, animado de una vocación fanática y sin horizonte, de arrebatar y saquear recursos ajenos, monstruo fuera de sí, muñeco diabólico, ejerce el matonismo y hace el ridículo, tipejo sin coartada verbal con la que disimular tanto desastre, la estúpida bravata con la que ejerce el poder, la visible tara física, pringao que se diluirá en la nada, una bestia así”. Dirán los oyentes que esta ristra descalificatoria contra el presidente de los EEUU es razón suficiente para mi espanto, pero no sería exacto. La clave de esta infamia periodística está en el calificativo ‘sola’. “Una sola bestia” escribe para desconsuelo de cualquier lector. Aún admitiendo la elasticidad del término y la legitimidad de la metáfora, mueve a espanto la atribución de ese carácter único.
¿Qué opinión, que calificativos le parece al columnista Lucas que merecen los ayatolas de la teocracia iraní que funden tan armoniosamente su concepto del pecado con el delito merecedor de la pena capital?¿Cómo resistir impávido esa confusión del Código Penal y el Catecismo?¿Qué le parecerán los dirigentes de la dictadura comunista en Cuba, 67 años de opresión brutal, hambre, miseria, exilio y muerte?¿Qué pensará Lucas de los administradores de ese centro de tortura y muerte que es el Helicoide, los impulsores bolivarianos de una diáspora que ha llevado al exilio a un tercio de los habitantes de Venezuela?
Son de dominio público la pena de muerte por ahorcamiento en grúas de homosexuales, la lapidación de adúlteras, incluyendo en el concepto las víctimas de violación, la muerte de las mujeres que rechazan el uso del velo islámico, los 35.000 manifestantes asesinados por la Policía en apenas un mes por protestar en la calle, pero el columnista Lucas no señala a sus autores. Se conforma con señalar a la bestia, UNA SOLA, Donald Trump, porque el columnista no cree que sus protestas contra todos los actos de barbarie señalados sean sinceras: “no le importa la democracia en ninguna de sus formas, ni la realidad aplastada de las mujeres iraníes, ni la defensa de los derechos de los homosexuales. Esa canción es una patraña. Todo en él es un gran embuste humano. También la excusa de la democracia en Venezuela”. Te preguntabas el otro día por el peor de los campeones de nuestra República. Bueno, pues aquí lo tengo: es éste.
Pablo Iglesias, un paso más hacia el ridículo: “El gesto de Silvio Rodríguez exigiendo su fusil de asalto si Trump envía a sus soldados a Cuba ha dado la vuelta al mundo. Pregunté a Díaz-Canel por ese gesto y su respuesta fue muy clara: “no queremos guerra, queremos diálogo, pero si entran daremos la vida por la revolución”. La vida de quien, debió preguntarle Pablo Iglesias, que explicó su relación con el cantante: “Silvio Rodríguz y su familia nos llevaron a un lugar muy especial de La Habana Vieja… Y allí, Estefanía Veloz llevaba bien afilado su colmillo periodístico y le preguntó a bocajarro: “Silvio, ¿tú qué piensas de Bad Bunny?” Y creíamos que el periodismo se estaba perdiendo.
Emmanuel Rincón sobre el mismo asunto: Díaz-Canel dice a Pablo Iglesias que los militares cubanos que murieron en Venezuela detuvieron a la fuerza delta de los EEUU… Pero si Maduro está preso y los aniquilaron en segundos…
Maite Rico calificaba justamente esta iniciativa solidaria: “Como si 67 años de dictadura y penuria no fueran suficiente castigo, a los cubanos les ha caído encima una plaga bíblica: 700 gilipollas llegados de prósperas democracias para explicarles que el castrismo es lo mejor que les podía haber pasado”.
David Alandete había sido interpelado por ese campeón de nuestra República que responde al nombre de Antonio Maestre, que había respondido a cuatro interpelantes con otros tantos mensajes en los que se atribuía padres muy pluridisciplinares. O cuatro padres distintos, que es aún más preocupante: “Mi padre trabaja recogiendo mercancía de supermercados y a veces, solo por estar mal etiquetado lo tiran o venden para harinas”. A un camionero que le reprochaba no saber mnada sobre la vida de su oficio, le replicaba: “Mi padre es camionesro. Sigue intentándolo”. A un tercero le espetaba: “Mi padre trabaja de pastor desde los 4 años y yo desde los 14 ayudando a mi familia” Y a un cuarto interlocutor le decía: “Mi padre y mi abuelo se mataron a trabajar en tierras de un señorito de Cáceres a cambio de miseria. La tierra es de quien la trabaja”. O de quien la recalifica.