Ramón Pérez-Maura-El Debate

 

  • Me recuerda a lo que dice Montero: que ha acumulado más poder que nadie. Y lo dice a pesar de carecer de mandato efectivo en la SEPI que se lleva directamente desde Moncloa

El espectáculo de ayer en las Cortes fue un perfecto ejemplo de por qué España está cada vez más marginada en el mundo. Prácticamente todas las intervenciones fueron contra Estados Unidos e Israel, con las excepciones de las de Núñez Feijóo y Abascal.

Pero el summum de la jornada llegó pronto, cuando Pedro Sánchez sacó «la guerra de Aznar». Lo primero que hay que concluir es que Aznar debió hacerlo muy bien para que 23 años después su actuación siga siendo una referencia. En aquel entonces, España era un socio de las grandes potencias, la referencia para Estados Unidos en Europa. Hoy Sánchez ha sido reiteradamente denunciado por el presidente de los Estados Unidos y, como bien dijo Feijóo en el debate, ni siquiera es convocado a las reuniones de dirigentes europeos donde se fijan las posiciones comunes. Por mucho que Patxi López se empeñara en decir que en esta crisis «España ha sido europea y con convicciones». La desidia intelectual del portavoz socialista se supera cada día.

Después de que la víspera María Jesús Montero nos contara poco menos que es la vicepresidente más importante de la historia, Sánchez vino a decirnos poco menos que –y lo tomo del editorial de FAES de ayer– «A diferencia de Aznar, yo he sabido escuchar el clamor de los españoles contra una guerra injusta e ilegal. A diferencia de Aznar, yo he plantado cara al imperialismo yanqui. A diferencia de Aznar, yo no miento a mi pueblo. Ved: soy justo, soy bueno, soy sincero y, sobre todo, soy pacífico. Tranquilos, yo estoy bien. Vosotros, a votarme cuando toque, es decir, cuando diga».

Y no quiero dejar de señalar que me recuerda a lo que esta vicepresidenta primera dice: haber acumulado más poder que nadie. Y lo dice a pesar de carecer de mandato efectivo en la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales que se lleva directamente desde Moncloa. En cambio, otra vicepresidenta primera, Soraya Sáenz de Santamaría, tenía el mando sobre el Centro Nacional de Inteligencia. Y, sinceramente, creo que eso da bastante más poder. Y aquí no estamos hablando de hacerlo mejor o peor, sino de poder.

El pasado 10 de marzo, en plena campaña en Castilla y León, publiqué aquí La mentira del ‘No a la guerra’ donde recordaba cómo en las elecciones municipales del 25 de mayo de 2003, en pleno «no a la guerra» por toda España, el Partido Popular ganó las elecciones con medio millón de votos y un 7,4 % más que cuatro años antes. Recuerdo esto porque el «no a la guerra» volvió a la escena pública contra el PP en las elecciones del 15 de marzo. El PP contra el que se lanzaba el «no a la guerra» sacó un 4 % más de votos. Y a pesar de eso, Sánchez sigue aferrado al «no a la guerra» como si no hubiera mañana. Tiene pruebas de que no funciona, pero probablemente no tiene un discurso alternativo.

El aquelarre de ayer lo fue en términos casi literales. Según la definición del diccionario de la Real Academia Española, aquelarre es una «junta o reunión nocturna de brujos y brujas, con la supuesta intervención del demonio, ordinariamente en figura de macho cabrío, para sus prácticas mágicas o supersticiosas». Pues sustituyan el macho cabrío por José María Aznar y lo de ayer fue eso: un aquelarre. Con su pan se lo coman.