Pablo Sebastián-Vozpópuli
- No evaluó el presidente estadounidense la reacción contraria a la guerra en su patio interior
Mientras en el Congreso de los Diputados Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo escenifican el ‘duelo a garrotazos’ de las pinturas negras de Goya, ajenos a la crisis política, energética y económica que nos embarga, en los EE.UU. crece la confusión que emana del gran desconcierto del presidente Donald Trump ante la marcha prolongada e inesperada de la guerra de Iran. Lo que tiene muy preocupado a Israel que teme la espantada de Trump porque no sabe cómo acabar la guerra. Por lo que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, y el príncipe de Arabia Saudí, Mohamed Bin Salman, están presionando a Trump para que no abandone la guerra y se implique más en ella, con un despliegue de tropas americanas en el territorio iraní, cerca del estrecho de Ormuz. Lo que, de llevarse a cabo, pondría a los soldados de EE.EE. al alcance de drones iraníes que podrían perpetrar una matanza de americanos, lo que impediría retirarse a Trump como ahora lo pretende Netanyahu. El que el pasado 28 de febrero convenció al presidente Donald Trump para iniciar junto a Israel la guerra de Iran anunciándole que tenía localizado (y era cierto) al líder iraní Ali Jamenei, y a la cúpula del poder de los ayuatolas para matarl a casi todos ellos como ocurrió. Lo que en opinión del gobierno de Tel Aviv facilitaría la victoria inmediata de la alianza americano-israelí y un final rápido de la guerra, lo que resultó absolutamente falso. Y a lo que se añadió el grave error de los dos aliados, además de creer que Iran se rendiría fácilmente, de no haber calculado: el cierre del estrecho de Ormuz y su impacto en las economías de Occidente; la posibilidad de que Iran podría atacar a todos los países del Golfo Pérsico (Arabia, Emiratos, Abu Dabi, Baréin y Kuwait) destruyendo depósitos de petróleo y gas, sus estructuras energéticas y desaladoras; y no evaluando Trump ni Netanyahu la capacidad de los arsenales balísticos y de drones de Iran.
Negociación en marcha
Como no evaluó Trump la reacción contraria a la guerra en su entorno político americano y en principales países de la OTAN y la UE, España incluida y a la cabeza del no. Y oponiéndose todos ellos a su integración en un convoy de buques de guerra con el que Trump pretendería forzar la apertura del estrecho de Ormuz. Aunque luego, como la zorra que no alcanzaba las uvas de la parra, Trump dijo aquello de ‘no me hace falta nadie’ para abrir Ormuz y optó por amenazar a Iran con la destruir sus centrales eléctricas si en 48 horas no abrían el Estrecho. A lo que Teherán respondió que, en ese caso, ellos minarían Ormuz y atacarían las estructuras energéticas de los países árabes del golfo. Lo que, presionado por los árabes de la zona, hizo recular a Trump que aumentó su ultimátum a Iran a cinco días (aún en curso) mientras buscaba a la desesperada una negociación con los nuevos mandatarios de Teherán. La que Trump dice que está en marcha, aunque lo desmiente Iran, desde donde parece que se ha desechado una propuesta de quince puntos de USA presentada ante Teherán en la que incluiría ‘la rendición’ de Iran (sic)y la apertura de Ormuz entre otras concesiones de los iraníes.
Estamos inmersos en un confuso misterio que propicia que en EE.UU. y Europa hayan bromeado con la teoría del ‘TACO’ que se le aplica a Donald Trump como un fanfarron que siempre ‘recula’ (‘Trump Always Chickens Out’). Como ocurrió con la subida de los aranceles, la amenaza sobre Groenlandia y su reciente ultimátum a Iran de 48 horas. O su amenaza -aún por ver- de enviar soldados de a pie a una guerra que Trump calificó de ‘pequeña excursión’ (acaba de movilizar 3.000 paracaidistas y está acercando a la zona de guerra unos 5.000 marines) para, supuestamente: conquistar posiciones muy próximas a Ormuz; ocupar la isla energética Jarz de Iran; o intentar apoderarse de las reservas iraníes de 440 kilos de uranio enriquecido al 60%.
María Jesús Montero está asustada
Así parece que están las cosas en el frente político y militar de Iran mientras que en España la noticia de la semana está en la convocatoria por el presidente de Andalucía, Juanma Moreno, de las elecciones autonómicas de su región ara el día 17 de mayo. Lo que ha desconcertado al PSOE y obliga a Sánchez ha hacer una crisis de Gobierno, para que su vicepresidenta María Jesús Montero se traslade a Andalucía como cabeza de cartel (y de turco) del PSOE, lo que la tiene asustada. Y un tanto desquiciada hasta el punto de presumir que es la mujer que más poder político tenía en España y que ella está dispuesta a sacrificarlo !por Andalucía! Temerosa y sabedora del gran batacazo político que se va a dar frente a Juanma Moreno, que sin duda es un buen presidente de Andalucía y el más importante y mejor valorado de todos los barones del PP.
Y el que según todas las encuestas ganará cómodamente esta elecciones y va a derrotar ampliamente a María Jesús Montero, aunque se estará a la espera de saber si Moreno revalidará la mayoría absoluta en el parlamento andaluz, y si Montero cosechará en Andalucía una de las mayores derrotas del PSOE en el Sur. Lo que a Sánchez, como ya le ocurrió en Extremadura, Aragón y Castilla Leon, le da absolutamente igual y tampoco le va a obligar a un adelanto de las elecciones generales que él tiene previstas para julio de 2027. En la creencia, Sánchez, de que de aquí a esa fecha todavía pueden empeorar los conflictos bélicos en curso (Oriente Próximo y Ucrania) y que ello podría darle una oportunidad de mejora electoral, como la que cree haber logrado, aunque modestamente, en Castilla y León tras haber desempolvado el ‘no a la guerra’.
Lo que sería inútil de todo punto si Vox y PP mantienen en el 50 % de intención de voto que anuncian los sondeos, para lo que resulta necesario que el partido de Abascal no retroceda por causa de sus problemas internos y se mantenga cerca del 18 % de votantes. Y que Feijóo, que parece más aguerrido y comprometido en la batalla política, mantenga sus expectativas que -a pesar de Félix Tezanos- superan ampliamente las de Sánchez. Sobre todo después de la que se espera derrota de Montero en Andalucía, como cuarta victoria regional consecutiva del PP. Lo que animará a Abascal a pedirle, por enésima vez a Feijóo, que presente una moción de censura a Sánchez en el Congreso de los Diputados, lo que probablemente Feijóo no querrá.
Y ello muy a pesar del fracaso del PSOE en Andalucía donde por otra parte se apreciará la ‘crisis existencial’ de la extrema izquierda que de momento continúa sin acordar un nuevo líder nacional, tras la liquidación de Yolanda Díaz y del, por ahora, fracaso de la operación nacionalista e izquierdista de Gabriel Rufián. En todo caso, y por encima de la política interna española, lo importante en el momento actual son la decisiones que debe tomar Trump a principios de la semana entrante, cuando se acabe el segundo ultimátum del presidente americano a los gobernantes de Iran. Salvo que el presidente americano se achante y vuelva a recular.