Joseba Arruti-El Correo

La confianza de Pedro Sánchez en Donald Trump debe ser prácticamente ilimitada. Abarcará al menos tanto como la fatuidad del presidente de los Estados Unidos. Los cercanos en lo ideológico arropan, acompañan y consuelan; pero son los rivales más descarnados e irreflexivos los que, a menudo, obran milagros. O, al menos, provocan espejismos, vanas esperanzas de voltear lo inevitable.

El frenopático geopolítico está impactando de lleno en las dinámicas locales de todos los países relevantes. Lo hace en función del alineamiento de cada cual respecto a las correrías de la actual administración estadounidense. Y tal es el destrozo que están causando en el derecho internacional, en la mera percepción de lo anómalo, que, a ras de calle, la intuición sencilla del común de los ciudadanos premia a quien no se somete a las mismas.

Sánchez, rastreador de oportunidades, ha alzado la voz contra las sacudidas de Trump en Oriente Medio, que amenazan con dinamitar la economía internacional y, más allá, incluso el precario equilibrio de paz tensa entre las superpotencias. El dirigente socialista prevé que encarnar la conciencia crítica frente a Trump, ser su némesis, le generará réditos electorales, tal vez suficientes para que Feijóo nunca pase del pie de página. Es mucho soñar, pero a quien ya ha quemado todas sus naves todo lo sirve.

En cualquier caso, la del avispero iraní no es una crisis al uso ni viene protagonizada por un inquilino de la Casa Blanca mínimamente previsible. Las potenciales implicaciones económicas y sociales del entuerto son de tal calibre que, de ser duraderas, el hondo malestar que generarán no podrá frenarse con eslóganes pacifistas ni bajadas del IVA. Aunque no debe descartarse que, en ese tránsito, Sánchez halle alguna veta diminuta de oportunidad electoral.

El desconcierto del PP, que confunde la defensa del vínculo con los Estados Unidos con una mansedumbre bobalicona frente a Trump, confiere perfil de estadista a Sánchez, de centinela de la sensatez. Resulta inquietante que para los populares su guía de oposición en todas las materias sólo contemple confrontar estruendosamente con el Gobierno, al margen de cualquier argumento. Que una premisa tan rudimentaria sirva para tomar una distancia sostenida en las encuestas no es signo de sofisticación política, pero deja aún en peor lugar a quien ejerce el poder.

Trump es la única carta que le queda a Sánchez, su último as para sustentar la leyenda de sus dotes de supervivencia. El tiempo corre deprisa hacia el límite de la legislatura y las elecciones generales, pero el atrabiliario presidente norteamericano es capaz de causar los mayores estropicios en la mínima fracción de tiempo. Inservibles ya el miedo a Vox y las torpezas del PP, la apuesta del secretario general del PSOE es evidente: todo al naranja.