Editorial-El Correo
Las elecciones sindicales en la Ertzaintza, saldadas con la victoria de una central, Euspel, que ha hecho de la confrontación su seña de identidad tras veinte años de hegemonía de Erne, han provocado un profundo vuelco en la representación de los 6.800 agentes llamados a votar y en las relaciones que se pueden abrir ahora con el Departamento de Seguridad de Bingen Zupiria. El sindicato más votado en los comicios del jueves ha rentabilizado el clima de malestar entre la plantilla, azuzado por movimientos de tintes populistas que se decían «asindicales», a pesar de las notables mejoras laborales pactadas en el convenio tras un duro pulso con el Gobierno vasco. De ese acuerdo, suscrito por la mayoría sindical en el arranque del mandato de Imanol Pradales y que incluye una subida mínima anual de 4.000 euros brutos para cada ertzaina, se descolgó precisamente Euspel, recompensado por los ertzainas en las urnas. Está por ver cómo modulará su línea dura de negociación con el estatus de referencia en la Policía vasca. También si arrastrará a la beligerancia al resto de grupos de mantener una conflictividad que no debe ser ajena a la realidad de la Ertzaintza, mejorada como servicio pese a retos pendientes y sociológicamente muy diferente a la creada en 1982 como proyecto de país.