- El resumen, a la vista de las reacciones de los medios progresistas, es que la ley de eutanasia es progresista, así que la muerte de Noelia es buena.
«La presente ley pretende dar una respuesta a una demanda sostenida de la sociedad actual como es la eutanasia», dice la exposición de motivos.
Esto no es cierto. No había un clamor social que exigiera una ley de eutanasia, sino una imposición desde la agenda política de Podemos.
Era una causa divisiva, y por tanto excelente desde su punto de vista.
Y por eso, para trasladar la necesidad a la sociedad, se la relacionó con el caso del marinero asturiano Ramón Sampedro, sobre el que Amenábar hizo la película Mar adentro.
Luego, Sánchez resucitó la proposición de Podemos, que le evitaba presentar un proyecto de ley que habría exigido informes del CGPJ y del Comité de Bioética de España.
El resultado es la actual Ley Orgánica 3/2021 de regulación de la eutanasia (LORE).
Salvo que pretenda que todos los suicidas puedan hacerlo a cargo del Estado, y ahorrar así los programas de prevención del suicidio, la ley debería explicar cómo va a seleccionar, entre todos los aspirantes a suicidas, los candidatos a recibir la eutanasia.
Lo hace de forma escueta en el artículo 5.1.d), que establece que, para aspirar a los beneficios de la ley, el solicitante debe estar en un «contexto eutanásico»: o bien sufrir «una enfermedad grave e incurable», o bien un «padecimiento grave, crónico e imposibilitante».
Detalla ambos conceptos en el artículo 3, pero es conveniente señalar que para la «enfermedad grave e incurable» añade un requisito: «con un pronóstico de vida limitado».
Pero ¿y las enfermedades mentales que ocasionan un padecimiento «grave, crónico e imposibilitante»?
¿Podría ser candidato a la eutanasia quien padeciera una depresión severa?
La ley ni lo menciona (recordemos que la proposición es de Podemos, así que la chapuza era inevitable), y fue el Tribunal Constitucional, en su extensa sentencia 19/2023 de 22 de marzo, quien lo decidió: la LORE no incluye entre las enfermedades graves la enfermedad psicológica o la depresión.
Y, aunque los sufrimientos constantes e intolerables puedan ser de orden psíquico, deben provenir originariamente de una enfermedad no mental.
Ahora imaginen que ustedes son los encargados de apretar el botón de la eutanasia, y les piden que lo active Ramón Sampedro (la bandera enarbolada para defender la LORE), y Noelia Castilla, la persona a la que el jueves se aplicó.
¿Estamos hablando de lo mismo?
¿Tendría usted el mismo dilema moral en ambos casos?
Recordemos que, según las informaciones aparecidas en los medios, en el caso de Noelia aparecen un trastorno depresivo y un intento de suicidio.
La LORE no habría amparado este en primera instancia pero, una vez fracasado, y dado el padecimiento causado, lo subsana. Cabe preguntarse si todo esto tiene algún sentido.
También es interesante comprobar que la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, al responder al recurso del padre de Noelia contra la eutanasia de su hija, considera que en el caso de Noelia concurren los dos supuestos que la LORE exige para hablar de «contexto eutanásico».
Esto es sorprendente, porque la afección de Noelia podía ser grave e incurable, pero no tenía un «pronóstico de vida limitado».
Todo esto sin entrar a hablar de que Noelia estuvo tutelada en una institución pública, que no impidió que sufriera agresiones sexuales e intentara suicidarse.
Tal vez esto fuera imposible, pero es triste comprobar que el Estado se ha mostrado más eficaz para acabar con sus sufrimientos que para evitarlos.
En todo caso se constata una vez más que, cuando un asunto está ideológicamente etiquetado (y la eutanasia lo está), el juicio moral se subordina a la posición de la tribu política.
«Estrasburgo pone fin al calvario de Noelia frente al boicot ultracatólico», dice Público.
Ignacio Escolar añade: «Noelia gana a los ultras Abogados Cristianos».
Que se jodan los católicos y los fachas, que Noelia está muerta. Porque el resumen es que esta ley es progresista, así que la muerte de Noelia es progresista y buena.
Esta normalización es bastante siniestra, y no hay que descartar que haya quien piense que, cuantas más eutanasias haya, más progresistas seremos.
«Euskadi duplica en dos años sus solicitudes de eutanasia», decía la SER, aunque está «todavía muy alejada de países europeos en los que se reconoce este derecho».
¡Hay margen de mejora!