Mayte Alcaraz-El Debate
- Nadie ha podido explicar por qué terminó de consejera de Hacienda en Andalucía nombrada por Susana Díaz, a la que luego traicionó por Pedro Sánchez, de quien ha oficiado como número dos, sangre de su sangre
Como su brillante hijo, Lucio Anneo Séneca, Andalucía tiene una forma de ver la vida sosegada, serena, casi estoica. Solo así se explica que resista las intervenciones de su ya candidata socialista al Palacio de San Telmo, María Jesús Montero Cuadrado (Sevilla, 60 años recién cumplidos), sin sucumbir a la melancolía.
La exministra que llegó al Gobierno a lomos de la moción de censura y a la que Sánchez calificó el jueves como «la mejor política» que ha conocido nunca, es la misma que no ha presentado presupuestos incumpliendo el artículo 134 de la Constitución, subido los impuestos de manera confiscatoria –los españoles pagan a Hacienda un 17 por ciento más que los ciudadanos del resto de la UE–, tenido de número tres a un investigado, contra el que se ha querellado Anticorrupción, tras una información de El Debate, por cobrar mordidas a cambio de archivar pleitos fiscales, nombrado un presunto delincuente, amigo de la fontanera Leire Díez, como presidente de la SEPI, compartido despacho en Ferraz primero con Ábalos y luego con Cerdán, impulsado la financiación privilegiada de Cataluña y dejado a España al borde de un expediente de la UE por el coste de los decretos anticrisis de Irán. ¿Hay quien dé más?
A pesar de esta biografía, Montero se las pinta sola para echarse flores como si fuera la Macarena. A modo de despedida acaba de cebar aún más su amplia antología del despropósito: habló de ella misma en tercera persona, se autocalificó «la mujer con más poder del conjunto de la democracia» y ponderó que esa mujer (ella) «decida presentarse a unas elecciones autonómicas», como si se estuviera sacrificando para descender a una candidatura menor, la andaluza. Cuando parecía que no podía empeorar su intervención, reconoció que no deja el escaño en el Congreso para conservar su plaza de médico en el Hospital Virgen del Rocío que obtuvo con 26 años y que perdería si no mantiene un cargo institucional. Fue inmejorable la alocución de esta licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Sevilla; cortó por lo sano.
Lo cierto es que nadie ha podido explicar por qué terminó de consejera de Hacienda en Andalucía nombrada por Susana Díaz, a la que luego traicionó por Pedro Sánchez, de quien ha oficiado como número dos, sangre de su sangre. Salvo unos pocos años en los que fue gestora sanitaria, con plaza ganada en oposición, toda su carrera ha sido política. Ha vivido y vive de las arcas públicas y, en gran parte de su trayectoria, ha sido responsable de gestionarlas. El zorro cuidando las gallinas. La familiarmente llamada Marisu es una trianera hija de profesores, y a su exmarido, el hoy abogado de CC.OO. Rafael Ibáñez Reche, lo conoció en la Universidad, cuando este militaba en las Juventudes Comunistas y ella en las Cristianas Andaluzas. Tuvieron dos hijas, pero la pareja terminó separándose. Recientemente, Montero contó que Rafael, militante de Sumar, es su actual «mejor amigo». La vicepresidenta alardea de un desparpajo verbal inversamente proporcional a la claridad de los conceptos con que trata de adoctrinar. Sus pedradas fonéticas, destinadas siempre a caldear los ánimos, la hicieron inconfundible desde que asumió la portavocía del primer Ejecutivo de Sánchez, con el que ha trabajado estrechamente casi ocho años.
Ahora, Montero va arrastrando los pies a una de las plazas más difíciles para Sánchez desde que los gobiernos socialistas de Chaves y Griñán, a los que ella perteneció, perdieron el poder tras un régimen de casi 40 años, emponzoñado por el clientelismo, el paro endémico y la corrupción de los ERE. Sus enemigos en el Consejo de Ministros cuentan que está purgando el haber conspirado para ser la sustituta del Amado Líder durante los cinco días de falso retiro del jefe por el caso Begoña. Luego, Sánchez la obligó a hincarse de rodillas en favor de la catedrática Gómez porque esta denunció que los compañeros del metal de su marido no la habían defendido suficientemente en su proceso penal.
Es la reina de la gesticulación y la verborrea, la más disparatada de los colaboradores de Sánchez, la que más bulos ha propagado contra la derecha
No es pequeño el ‘marrón’ que le ha endilgado Moncloa. Todas las encuestas anticipan que la dirigente sevillana tendrá el dudoso honor de perforar el suelo que el exalcalde hispalense Juan Espadas estableció en unos raquíticos 30 escaños –el CIS andaluz vaticina a la exnúmero dos sanchista de 24 a 26 diputados. Tan negro ve su futuro electoral que la ya aspirante a suceder a Juanma Moreno pidió a su jefe que, aprovechando la ola propagandística del «no a la guerra», hiciera coincidir las generales con las catalanas el mismo día que convocara el presidente popular las andaluzas. Finalmente, Moreno las situó el domingo 17 de mayo y la exministra irá sola –con su trayectoria, que no es poca– a las urnas. Eso sí, Sánchez se volcará con ella y hasta Illa ha confirmado que acudirá a la campaña. Será interesante escuchar cómo los tres justifican ante los andaluces los privilegios de la financiación catalana en nombre de un partido que se llama a sí mismo solidario.
En estos días, la candidata aficionada a la hemorragia agramatical y a endilgarle una ley «de lenguas» a los andaluces, está inmersa en muchos cambios vitales. Ya está haciendo las maletas de su vivienda oficial de 144 metros cuadrados, con siete estancias, y donde hizo una reforma integral en la cocina que costó al erario 23.721 euros. Montero siempre se ha quejado de que se sentía enclaustrada, de la vivienda al despacho, del despacho a la vivienda; del corazón a sus asuntos –que interpretaría el poeta. Se parece tanto a su jefe que, como él, cambió el jergón al llegar a su nueva morada. Dice que le contaron que alguna vez se había quedado a dormir su antecesor Cristóbal Montoro y no dudó en mudar el colchón. Lo de las mejoras inmobiliarias es inherente a su equipo. Hasta su jefe de Gabinete, Carlos Moreno, suscribió una hipoteca por una casa en la capital a los tres meses de reunirse con Koldo, según tiene apuntado en su agenda el imputado hombre para todo de José Luis Ábalos. Aldama dice que Moreno sirvió de intermediario para que le revisaran unas deudas que tenía con Hacienda. El Supremo lo investiga y María Jesús también aquí puso la mano en el fuego por su compañero.
Así es la reina de la gesticulación y la verborrea, la más disparatada de los colaboradores de Sánchez, la que más bulos ha propagado contra la derecha, la que estuvo dispuesta a desvelar datos protegibles del novio de Ayuso, la que defiende con denuedo la amnistía, el pacto fiscal y la condonación de deuda –a mayor gloria de los separatistas– y la que aplaude que el Constitucional haya borrado los delitos de Chaves, Griñán y Magdalena Álvarez (su precursora en la política choni). Su última demostración de falta de sensibilidad le ha llevado a anunciar que los fallecidos en el accidente de Adamuz serán considerados víctimas de un accidente laboral. Con estas credenciales, María Jesús del Gran Poder ha decidido convertirse en el holograma andaluz de Sánchez. Ella chantará uno de los últimos clavos del ataúd sanchista.