Juan Carlos Viloria-El Correo
- Rufián le quita el sitio a Yolanda Díaz, a caballo de una política basada en tuits y memes
La política meme, entendida como la estrategia de radicalización, humillación y desprecio al adversario político, camuflado de tono humorístico, se ha apoderado del Parlamento nacional. Ya se había instalado como pieza clave de la comunicación política, imitando lo que ya se ensayó en las elecciones presidenciales de EE UU de 2016 y el primer mandato de Donald Trump, pero no habíamos presenciado el espectáculo de trasladar al ruedo ibérico de la carrera de San Jerónimo el estilo provocador y zafio que coloniza las redes sociales. El pleno de la guerra de Irán con su sucesión de ‘sketchs’ protagonizados por Sánchez, Rufián, López y Feijóo, consagra el triunfo del reduccionismo, la simpleza, la política de tasca y la descalificación ‘ad domine’ del adversario, no con argumentos verosímiles sino con expresiones burlescas dignas de un cómic o un programa de los añorados guiñoles. El presidente Sánchez ridiculizó a Feijóo como un paleto que llegó a Madrid de Galicia y no tiene ni idea de política nacional o internacional. ¿Sabe cuántos habitantes tiene Iran? Como reflexión geopolítica no tiene precio. Pero funciona como meme. Un Sánchez disfrazado de maestro de escuela y un Núñez Feijóo de alumno torpe, hubiera recibido muchos retuits en X. Y la respuesta del líder del PP : «Los matones como usted no me intimidan. No solo es un matón, sino que tiene un tic dictatorial peligrosísimo» . Sánchez dibujado como un Pedro Navaja cualquiera también habría tenido éxito en las redes.
Aunque el rey del meme es Gabriel Rufián. El portavoz de Esquerra Republicana de Cataluña está a punto de lograr la meta soñada de cualquier político en España; poner su nombre a una corriente: el rufianismo. Porque ha conseguido una influencia en la opinión pública y en la izquierda muy superior a la de su partido en la política española a base de llevar la política de tuits a la tribuna del Parlamento: «El PP es Aznar, con Bush, con las botas en la mesa de la Casa Blanca»; Sánchez es un tío que tiene «potra histórica»; los de «Junts trabajan para los fondos buitre y van a dejar en la calle a tres millones de personas». Da igual la verdad y los datos. Lo importante son las frases, la agresividad. La victimización: Cuba igual a bloqueo. Americano, igual a malvado. Aznar igual a Azores. Lo de Rufián explica que una ministra como Yolanda Díaz, que ha sido carne de memes pero a la que habrá que reconocer cierto empeño en lo suyo, tenga que dejar sitio a alguien que se dedica a hacer frases, almorzar sin parar en todos los restaurantes de moda y augurar que o le colocan las izquierdas como charlatán en jefe o se hundirán en las urnas. Ser ocurrente, gracioso o provocador tiene ahora más mérito para presentarse a las elecciones que aumentar cinco veces el salario mínimo.