Jesús Cuadrado-Vozpópuli

  • El sanchismo apuesta todo al “no a la guerra”, y a ver qué pasa

Cuando las cosas se pusieron muy feas, recurrieron de nuevo a Iván Redondo y su manual “la política es el arte de crear emociones”. Esperan un milagro del gurú talismán del sanchismo. Ha reiniciado fuerte, con la fabricación del relato sobre una guerra en la que habría participado Feijóo en apoyo de Trump. Rompe todas las reglas de la credibilidad narrativa, sí, pero no se debe ignorar que se dirige a un nicho de clientelas fanatizadas, predispuestas a la suspensión de incredulidad. Como ocurre en el cine con la facilidad para aceptar que las vacas vuelen. Fíjate en Patxi López que, metido a tope en el papel asignado, proclamó: “La primera vela es la que alumbra”, en referencia a Sánchez, disfrazado de superhéroe mundial de la paz. El Gobierno se reactiva con esta guerra, reproducen los medios conectados a Moncloa.

Pero los hechos no perdonan. En la comparecencia de la pasada semana en el Congreso, los españoles pudieron comprobar que ni los propios ministros se ponen de acuerdo sobre los riesgos y amenazas reales a los que se enfrenta el país. Sin Presupuestos y sin política de Seguridad y Defensa, Sánchez solo atiende al programa de rehabilitación que le ha diseñado el fabricante de emociones. Ahora te haces una foto con el canciller alemán en la que parezca que le cantas las cuarenta y después, un tiktok jugando al ajedrez en un bar. Poco les importa a estos que las decisiones de política exterior pensadas para construir esa imagen risible de líder planetario de la nada provoquen daños irreversibles al interés nacional. ¿La cara del “doctor” en los misiles iraníes? Digan que es un bulo.

Ni rastro de España

El sanchismo apuesta todo al “no a la guerra”, y a ver qué pasa. El País, siempre con fuentes directas, resume: “Sánchez alecciona a los ministros para un conflicto largo”. Pero eso solo moviliza a la izquierda de flotillas. La dificultad está en los países aliados, que ven únicamente un “no a Europa”. En las conclusiones aprobadas por el Consejo Europeo del día 19, la voz del presidente de la paz mundial no figura ni a pie de página. Bocazas en casa, mudito donde toca hablar. Antes, había rechazado la propuesta del canciller alemán Friederich Merz de un sistema europeo de defensa antimisiles, no dependiente de EEUU, y, sin comprenderla, también, la iniciativa francesa de una disuasión nuclear autónoma para Europa. Lógicamente, ya ni le convocan a las reuniones sobre los pasos a dar para la defensa colectiva europea en un momento crítico. El listado de los países que forman la coalición para una misión marítima de desbloqueo del estrecho de Ormuz deja pocas dudas. Firman la declaración conjunta: Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Portugal, Japón, Australia, Canadá, Corea del Sur, Nueva Zelanda, todos los países nórdicos y los bálticos, entre otros. Sin rastro de España. Contra todos, como en la política europea común de control migratorio.

El Gobierno no apoya consensos de los países que sí están contra la guerra. Ellos, a otras cosas. Sobre todo, a cómo gestionar tendencias electorales demoledoras. En primera línea de preocupaciones, Andalucía. Todas las recetas de respuesta propuestas por el publicista se resumen en una: “Fuego a discreción contra Núñez Feijóo”. Con qué disciplina, Enric Juliana, de La Vanguardia, o Josep Ramoneda, de La Ser, y tantos, siguen la estrategia marcada. En sede parlamentaria, Patxi repite como un loro el slogan estrella “Feijóo no está preparado para ser presidente”. Rufián, el independentista de las treinta monedas, sigue el guion y acusa al líder popular de ¡antipatriota!

Mira esta joya de la prensa fiel: “El Psoe gobierna España al precio de encoger su poder territorial”. Ya sabes, poco importaría que pierdan todos los candidatos autonómicos socialistas si, finalmente, en 2027, gana Sánchez y pierde Feijóo. Para ese milagro han recuperado al mago de la tribu. Y para reactivar el muro: izquierda contra derecha, el reclamo comercial en el que más confía Redondo, al que la disputa ideológica le importa un comino. Mette Frederiksen, la socialdemócrata que ganó las elecciones el miércoles, lanzó esto: “La política danesa no puede simplificarse entre rojos y azules”. El sanchismo sí puede. Es su truco preferido.