Iñaki Ezkerra-El Correo
- Existe una humanidad evolucionada gobernada por una lista de descerebrados
Es la gran novedad de la Artemis II, la nave de la NASA que orbita la Tierra desde que despegó este pasado miércoles del Centro John F. Kennedy ubicado en Florida: el inodoro espacial. Hasta ahora, los astronautas carecían de un cuarto de baño en condiciones cuando se lanzaban en una misión al espacio profundo y se veían forzados a hacer sus necesidades en bolsas de un modo del que es mejor no dar detalles. La Ciencia, sin embargo, no se detiene y acaba de servirles un admirable avance tecnológico en esta misión que supone el primer vuelo tripulado rumbo a la Luna que tiene lugar desde 1972. Uno se emociona pensando, a estas horas y mientras orbitan la Tierra, que esos cuatro cosmonáuticos viajeros se estarán cagando sobre nosotros a unos cuantos miles de kilómetros de una relajada manera que no estuvo al alcance de los héroes del Apolo 11 que pisaron la Luna en julio del 69. Confieso que experimento un alivio de carácter moral (no fisiológico como el de esos valientes) ante una noticia como esta, en un momento en el que el planeta que ha dejado atrás Artemis II se ve sumido en un trance tan dramático. El inodoro espacial me hace reparar en que Norteamérica es más que ese magnate que se expresa como un primate sobre un asunto tan delicado y brutal como la guerra. Mientras él habla de liquidar el conflicto bélico con Irán y la crisis económica que ha desatado con la simpleza de quien cierra un negocio inmobiliario, hay en su mismo país grandes profesionales de la ingeniería aeroespacial, cerebros capaces de tocar las estrellas y de poner entre ellas un rollo de papel higiénico. Y de ahí uno pasa a una pregunta que solo le provoca vértigo: ¿Cómo es posible esa distancia entre la sociedad civil y sus representantes electos? ¿Tanto es el abismo que hay entre los políticos de hoy y sus representados?
Este es un mundo desconcertante donde caben cirujanos que operan durante doce horas seguidas a un paciente a corazón abierto y tipos con un poder delirante sobre la vida y la muerte que hablan con una sonrisa de oreja a oreja de daños colaterales mientras deciden en qué punto del mapamundi van a dejar caer un misil sobre los otros. Una cosa es liberar a la mujer iraní del fundamentalismo islámico y otra no dejar títere con cabeza. Y es que, si a alguien le dan a elegir entre el velo y el misil, me da la ligera impresión de que se queda con el velo.
Sí. Existe una humanidad evolucionada, pero gobernada por una interminable lista de descerebrados. Volvamos al inodoro espacial, o sea, al trono igualitario que une a ricos y humildes, a emperadores y vasallos. Volvamos a la defecación interestelar. Como dijo Armstrong, «es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad». Un salto limpio.