Pablo Sebastián-Vozpópuli
- El líder de los EEUU no acierta con el fin de la guerra de Irán y Sánchez acaricia erigirse como sucesor de Ursula presidencia de la Comisión europea
El tiempo de la fanfarronería del presidente norteamericano Donald Trump se le está acabando sin que haya encontrado la puerta para salir de una manera digna de la guerra de Irán, donde lo embarcó Israel y donde se metió de bruces sin analizar los riesgos y la capacidad de resistencia de la Persia de los nuevos ayatolás. En la noche del miércoles, y mientras cruzaba los dedos por el éxito del viaje hacia la Luna de la nave espacial Artemis 2, el presidente de los EE.UU. se lanzó a ofrecer un inesperado discurso ‘a la nación’ del que se esperaba el anuncio de la salida de la guerra de Irán, cantando una victoria que no sería tal mientras los ayatolás continúen en el poder de Teherán y permanezca cerrado el estrecho de Ormuz.
Pero Trump no dijo nada nuevo, salvo que la guerra seguirá tres semanas más y ni siquiera anunció la salida de los EEUU de la OTAN como lo había declarado a los medios de comunicación diciendo que nuestra Alianza Atlántica es un ‘tigre de papel’ y que ‘Putin lo sabe’. Pero parece que el ‘elefante’ del Partido Republicano de Trump todavía necesita a la OTAN, aunque solo fuera para equilibrar el poderío del tándem Rusia/China en lo militar, económico y tecnológico. Una China a la que, por cierto, se está acercando la Unión Europea en lo comercial en respuesta a los aranceles agresivos de Trump. De manera que estamos cerca de que si Trump rompe con la OTAN (a la que vende ingentes cantidades de armas), alguien proclame en Washington que ya el líder estadounidense ya ha pasado del ‘América First’ al ‘América Third’, por detrás de Putin y Jinping.El régimen de los ayatolás sigue en pie
El régimen de los ayatolás sigue en pie
Trump está desbordado por sus propios errores y muy mal acompañado por su incapaz secretario de la guerra Pete Hegseth y por un Benjamín Netanyahu que ha impuesto a los EE.UU. su estrategia y sus intereses como prioridad. Y ahora Trump ya va diciendo que no le interesa el estrecho de Ormuz y que se ocupe Europa de ese problema, y que tampoco le interesan los 450 kilos de uranio enriquecido al 60% que esconde Irán. Pero sobre todo no parece que Trump se atreva, en las actuales circunstancias, a desplegar soldados americanos en suelo iraní por temor a que muchos de ellos regresen a los EE.UU. en ataúdes. En suma, entramos en el segundo mes de la guerra de Irán y, aunque Israel y Estados Unidos dicen haber logrado con éxito muchos de sus objetivos, el régimen de los ayatolás sigue en pie y con reservas de drones y misiles que llegan con más facilidad a Israel, donde ya escasean los interceptadores. Y mientras el gobierno de Teherán mantiene sus ataques a los países del Golfo Pérsico y cerrado el estrecho de Ormuz.
Represalias contra España
Mientras tanto en la OTAN, como la Unión Europea, seguimos expectantes las próximas decisiones de Trump, que parece muy enfadado con sus aliados porque no le han apoyado como esperaba en esta guerra ilegal de Irán. La que corre el riesgo de acabar para EE.UU. igual de mal que las guerras de Vietnam, Irak y Afganistán. Unos aliados esencialmente europeos que temen las invectivas de Trump, en especial una represalia para España. Sánchez, con su ‘no a la guerra’ y su desafío directo al presidente de los EEUU, figura en los primeros puestos de la indignación de la Casa Blanca, donde ya se habló de la retirada de EE.UU. de las bases de Morón y Rota. Lo que sería más fácil que la salida de USA de la OTAN, para la que Trump necesita una notable mayoría del Congreso de los Estados Unidos.
En estas circunstancias Pedro Sánchez, ante la debilidad y los serios errores políticos de la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von Der Leyen, se ha convertido, para muchos europeos y en destacados artículos de la gran prensa liberal internacional (que no conoce sus habilidades autocráticas), en el paladín del europeísmo frente al imperialismo americano de Donald Trump. Lo que puede ser una oportunidad para Sánchez si, después de perder las elecciones españolas de 2027, se presentara como candidato a un alto cargo de la UE. Donde sin duda aspiraría a la presidencia de la Comisión Europea (la que nunca tuvo España, y si países como Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Italia, Reino Unido, Francia y Alemania ), a cambio de que el PSOE facilite la investidura y la legislatura a Feijóo, evitándole la necesidad de acatar las exigencias de Vox y Abascal, con el argumento de Sánchez para sus votantes de que así impedirá la llegada de la extrema derecha al gobierno nacional.
Lo que podría ser bien recibido en el Parlamento Europeo, institución que tiene la potestad de nombrar, en 2029, el nuevo presidente de la Comisión, aunque en la Cámara europea hoy predomina una mayoría conservadora. Y además puede que grandes países europeos, como son Francia, Alemania e Italia, se opongan a una presidencia de Sánchez en la Comisión porque ello empeoraría las relaciones de los EEUU con la UE. En todo caso y a pesar de los desmanes que Sánchez ya ha provocado en las instituciones españolas, la corrupción en el PSOE y sus continuos abusos de poder e injerencias (ahora en Indra) en el empresariado español, parece claro que el presidente español -que además presume de buenos resultados económicos-, cuando pierda las elecciones de 2027, intentará recolocarse en el ámbito exterior (la Internacional Socialista le parece poca cosa) donde parece haber conseguido, gracias a las embestidas de Trump, una elevada notoriedad.
Mientras tanto estamos a la espera de las próximas decisiones del presidente Trump para conocer, una vez que Artemis 2 regrese de la Luna, el rumbo de la guerra de Irán. Y si termina pronto, el mapa y el futuro marco del nuevo orden internacional y especialmente en el flanco occidental donde la UE tendrá mucho que decir, y ya veremos si también ese ‘tigre de papel’ que dice Trump que es la OTAN.