Jesús Cacho-Vozpópuli
- Sánchez opta por nacionalizar Indra acabando con cualquier señuelo de empresa privada y colocando a su frente a alguien de plena confianza
La vida de Jack Woltz, un productor cinematográfico en la cúspide de su poder en Hollywood, cambió drásticamente el día, o más bien la noche, en que se despertó en su mansión de Beverly Hills bañado en la sangre de su caballo favorito, Khartoum, un semental valorado en 600.000 dólares, cuya cabeza alguien había introducido subrepticiamente entre las sábanas de seda de su cama. El grito de horror de Woltz se convirtió en la escena más icónica de El Padrino de Coppola. Woltz entendió de inmediato el mensaje y procedió a darle a Johnny Fontane, el fracasado ahijado de don Corleone, el papel que ansiaba en su próxima película. Había cometido un grave error al despreciar el acuerdo que la noche anterior le había ofrecido Tom Hagen, el consigliere de la famiglia. “Le hicimos una oferta que no podía rechazar”. A Ángel Escribano también le han metido esta semana una cabeza de caballo ensangrentada en la cama. No ha sido la mafia de los Corleone, pero se le parece mucho.
Tras haber salvado varios match ball en las últimas semanas, en las que fue amenazado con los rigores del infierno para obligarle a presentar la dimisión, el presidente de Indra creía haber asegurado la poltrona al menos por un par de meses. No contaba con que el capo di tutti capi no podía irse de vacaciones a Las Marismillas con la afrenta de una derrota semejante que le exponía al ridículo ante el establishment económico-financiero español y extranjero. Necesitaba venganza. Acabar con un don nadie al que él mismo y su guardia de corps habían elevado al estrellato empresarial hispano hace poco más de un año. “Te vamos a hacer muy rico”, le dijeron, porque antes se lo habían dicho a otros (hay testigos del “trabajo de campo” efectuado, entre otros, por Gaspar Zarrías entre las empresas del sector intentando captar candidatos para un momio “que nadie podría rechazar”). “Te vamos a hacer muy rico, cierto, a condición que tú nos hagas ricos a nosotros”. ¿Qué ha pasado en estos 14 meses? ¿Qué se ha torcido? ¿Ha dejado Ángel Escribano de cumplir lo pactado? ”Nos jugamos mucho dinero”, le había amenazado Manuel de la Rocha, el ejecutor de los planes de rapiña de Pedro Sánchez para con el Ibex 35, cuando fue citado en Moncloa, viernes 20 de marzo, para que enarbolara bandera blanca y abandonara el sillón. Nada menos que 70.000 millones durante este año y el próximo.
No sabemos qué cabeza de caballo sanguinolenta le metieron a Escribano en la cama la noche del Martes Santo —Sánchez acababa de llegar a Doñana— para que el chico respondón de Coslada que había osado echarle un pulso al presidente del Gobierno se aviniera mansamente a presentar la dimisión al día siguiente, Miércoles Santo, en una de las más abracadabrantes sesiones de un Consejo de Administración de firma cotizada que se recuerdan en España. Ellos lo eligieron en enero de 2025. Ellos lo han matado en abril de 2026. ¿Explicaciones? Ninguna. Toda la numantina resistencia de Escribano no podía disimular la intrínseca debilidad de su posición para enfrentarse a todo un Gobierno y en particular a un Ejecutivo convertido de facto en una organización criminal. Porque los hermanos solo tienen un cliente, el ministerio de Defensa que ahora ocupa su amiga Margarita Robles (y que, by the way, sale muy debilitada del lance). Tanto Indra como EM&E, la firma de Defensa cuya propiedad comparten al 50%, solo tienen un cliente, que es el Estado, es decir que en última instancia dependen al 100% de un tiranuelo como Sánchez, que es quien toma personalmente las decisiones en todo lo que tiene que ver con los negocios de la famiglia socialista. De una u otra forma los Escribano estaban en manos de Sánchez, por lo que enfrentarse a Sánchez suponía firmar su sentencia de muerte a plazo fijo.
Desconocemos qué le ha prometido el Gobierno a los hermanos, y en particular a Ángel, el mayor de ellos, ya ex presidente de Indra. Y seguramente nunca lo sabremos. El chico que presumía de ser el único español capaz de hacer realidad ese “campeón nacional de Defensa”, motto del que alardea este Gobierno inicuo, se ha ido sin decir ni mu, se la ha envainado con la gallardía de los que huyen con el rabo entre las piernas, dispuesto a cumplir el pacto de silencio firmado con Moncloa y a no soltar prenda. Pero es fácil adivinarlo. EM&E, el negocio familiar que llegó a ser valorado en más de 2.000 millones a efectos de su abortada fusión con Indra, estaría abocado a la quiebra inmediata si dejara de recibir pedidos del ministerio de Defensa, esos pedidos, la mayoría adjudicados a dedo, que hicieron crecer como la espuma algo que en 2019 valía apenas 100 millones. La posibilidad de una operación corporativa con alguno de los grandes europeos del sector (caso de los contactos preliminares mantenidos con la alemana Rheinmetall, esgrimido por algunas fuentes como casus belli usado por Moncloa para forzar la dimisión de Ángel) siempre estaría al albur de la decisión final del Ejecutivo y su escudo antiopas. La dependencia de los Escribano de la mafia socialista (De la Rocha, Robles, Sánchez) es total. Y no digamos ya si, una vez superado el obstáculo que suponía la presencia de Ángel en la presidencia, Indra, es decir Moncloa —que no la SEPI—, decidiera tomar el control definitivo de EM&E con el argumento de “ganar capacidad industrial y operativa” en el sector Defensa, algo que no dejaría de ser una vergüenza con o sin Ángel Escribano en la presidencia.
Una operación que terminaría por convertir a los Escribano en los reyes del mambo, eso sí, a cambio de renunciar a la poltrona de Indra, esa catapulta de notoriedad que, a un tipo como Ángel y su ilimitada ambición de poder, le hacía el hombre más feliz del mundo. Que a la hora de la verdad en los Escribano han primado los barcos sobre la honra lo demuestra el voto favorable de Javier, el menor de ellos, que ya en la madrugada del Jueves Santo permitió la elección de Ángel Simón, el nuevo chico de los recados del PSC (hay que preguntar en Suez para conocer sus habilidades gestoras) al que Sánchez ha puesto un piso en el Beverly Hills madrileño al nominarlo como nuevo presidente no ejecutivo de Indra. Ya está claro, como ocurriera con el caso de Marc Murtra, que para ser alguien en el Ibex 35 es obligado militar en el PSC. Las capacidades para la gestión no importan. También votó a favor de la elección de Simón el abogado Pablo Jiménez de Parga, consejero dominical en representación del 5% propiedad de Joseph Oughourlian, presidente del Grupo Prisa (29% del capital), un hombre al que Escribano ha hecho ganar en Indra bastante más dinero del que lleva perdido en ese pozo sin fondo que es Prisa, pero que, como muchos se maliciaban, ha terminado dejando en la estacada a su amigo Ángel, lo ha utilizado para mejorar su capacidad negociadora ante Moncloa, y tal vez seguramente, después de este favor, para dar el salto a Movistar Plus. Roma sí paga a traidores.
Al final, y en plena madrugada, el nombramiento de Simón salió adelante por un total de ocho votos a favor de un total de catorce. A ninguno de los catorce, que anteayer estaban con Escribano y apoyaban la fusión por absorción de EM&E y que ayer consintieron su decapitación, se le ha ocurrido dimitir e irse a casa. Tírame pan y llámame perro. Es todo tan vergonzoso que pone los pelos de punta. Leído ayer en La Vanguardia antaño Española: “El Gobierno logró aprobar por un solo voto la elección de Simón para Indra”. Gran “logro” el del Gobierno. Entre quienes sacan tajada, José Vicente de los Mozos, el consejero delegado que ha consentido una batalla impropia de una sociedad cotizada, un hombre dizque bien visto en la calle Génova que parece empeñado en lastrar a última hora su brillante currículum. De los Mozos se querría ir ya mismo, pero parece que Moncloa lo tiene amarrado. Se desconocen los motivos. Pierde Indra, una sociedad cotizada sometida a los vaivenes de una mafia política empeñada en hacer “negocio” al margen del negocio, en la opacidad de un poder ejercido sin escrúpulos. Fracasado el intento de disimular colocando en la presidencia a un hombre de paja, Sánchez deja las bromas para otro momento y opta por nacionalizar Indra acabando con cualquier señuelo de empresa privada y colocando a su frente a alguien de plena confianza. Se repite el esquema de Murtra: dentro de unos meses Simón será presidente ejecutivo sin la menor duda y esta vez nadie podrá poner en riesgo el negocio, “nuestro” negocio. “Nos jugamos mucho dinero” (De la Rocha)
Todo en el aire. Empezando por la pretensión de hacer un campeón nacional de Defensa equiparable a los Rheinmetall, Thales o Leonardo sin una base industrial adecuada para ello. Aquí hay “empresitas” que hacen “cosas” de Defensa pero sin el músculo tecnológico y financiero adecuado para asumir retos de mayor cuantía. Empezando por la propia Indra, que puede fabricar radares competitivos, pero en modo alguno puede producir tanques u obuses porque nunca lo ha hecho. De eso se encargan en el bloque occidental tres o cuatro empresas de enorme solvencia, porque fabricar obuses no es lo mismo que hacer mascarillas con patente china, la mayoría de las cuales, además, eran defectuosas. ¿A qué se ha dedicado Ángel Escribano, un tipo sobrado de agallas, cierto, en este año largo de presidencia? A conseguir los fondos de un Gobierno obligado a nivel OTAN a arrimar el hombro con el aumento exponencial del gasto en Defensa, fondos que por otro lado ya estaban comprometidos en origen cuando De la Rocha fue a llamar a su puerta para presidir Indra. “Dadme a mí la pasta, que yo me encargaré luego de repartir juego en el sector utilizando a pequeñas empresas como subcontratistas, empezando por la mía propia”. Y una vez conseguidos los fondos, el Ángel de Coslada viene a decirle a su gente: “Ea, ya tenemos el dinero, ahora toca ponerse a fabricar obuses”. Pero todo el mundo sabe dentro de Indra que la firma no tiene capacidad para fabricar el material que se ha comprometido a entregar a plazo fijo. Un problema monumental que estallará dentro de dos años, cuando ese equipo no llegue a destino o no funcione por defectuoso. A nadie parece importarle, sin embargo, tal desaguisado, mucho menos a un Sánchez cuyo verdadero objetivo no parece ser otro que el de enriquecerse y hacerlo a corto plazo. Lo que ocurra en 2028 no le preocupa lo más mínimo. Que el PP o el maestro armero carguen con el mochuelo. El corolario es que se están cargando Indra, convertida hoy en un auténtico caos, como está ocurriendo con Telefónica. Por lo demás, el despido de Escribano está muy lejos de asegurar la paz social dentro de la compañía, como muy bien apuntaba Agustín Marco en El Confidencial, el que mejor ha descrito el ambiente, propio de la familia Corleone, que se vivió en el Consejo de la sociedad en la madrugada del Jueves Santo.
Con un epílogo. Hasta tres fondos diferentes han notificado a la silente CNMV la toma de posiciones bajistas en Bolsa contra Indra tras la decapitación de Escribano, según contaba aquí el sabio Carlos Cózar este viernes. Uno de ellos es el Canada Pension Plan Investment Board (CPPIB), responsable de administrar los activos del Plan de Pensiones de Canadá, uno de los mayores inversores institucionales del mundo, con un patrimonio gestionado que supera el medio billón de dólares canadienses (unos 340.000 millones de euros). El intento del Gobierno Sánchez de pervertir los incentivos de los agentes económicos para imponer una agenda política disfrazada de estrategia industrial está siendo desenmascarado por el gran dinero. Su “soberanía industrial” es apenas un camelo que a duras penas consigue disfrazar el mero intento de beneficio suyo y de su banda, su familia y amigos. El Gobierno Sánchez se ha convertido en un riesgo para el inversor internacional. El riesgo político de invertir en España.