Félix Madero-Vozpópuli
- Corruptos en el PSOE y en el PP, una imagen que apesta e inunda injustamente toda la actividad política
Como si se tratara del humilde Morante de la Puebla, la corrupción vuelve a nuestras vidas como él a los toros, porque hace falta. Entiéndanme, nadie la añora, pero necesitamos que sus numerosos casos y versiones dejen su estado latente, tan perverso y escandaloso, y pasen de una vez por el tamiz de la justicia. Se enfadan los jueces -sobre todo de la Audiencia Nacional- pero el retraso en la Justicia es una manera de acentuar la corrupción que agobia a los españoles desde tiempos inmemoriales. El retraso en la resolución de los casos solo beneficia a malversadores, comisionistas, ladrones y blanqueadores de capitales. No es nuevo.
Ya nos hemos acostumbrado al ritmo que marca la costumbre. Primero el escándalo, las televisiones, las detenciones, los telediarios. Luego dos o tres días de noticias. A continuación, los detenidos salen de la cárcel. Después llega el olvido, hasta que transcurridos siete, ocho, diez años o más se sientan en los banquillos. ¿Pero ese no se había muerto?, suele decir un amigo cuando los medios resucitan casos olvidados. Se nos juntan ahora la Kitchen y Ábalos. Uno lleva durmiendo trece años, el otro unos meses. Que coincidan los dos en el tiempo es sospechoso, pero no que beneficie a los antisistemas de extrema izquierda y derecha. Y aún así, que se juzguen estos casos que tienen a dos ministros a la cabeza, no es suficiente sin que sepamos si se podrían repetir hoy los delitos por los que van a ser juzgados. Quisiera creer que no, pero me cuesta mucho. Aquí se legisla en aluvión contra la corrupción con la misma intención con que algunos escritores oscurecen el lenguaje: para que no se entienda.
Da grima escuchar a Rajoy cuando le preguntan por la Kitchen y se hace el graciosillo para irse por los cerros de Úbeda. Vaya, que asegura que no le dedicó tiempo a un caso que ha sentado en el banquillo a su cúpula de Interior. Pues tendrá que dedicárselo, porque para próximo 23 está citado en la Audiencia Nacional. Qué gracioso resulta -y qué penoso- que el que fuera jefe de Jorge Fernández tome distancia de manera tan burda en uno de los asuntos más graves de la democracia.
Pujol sigue ahí
Ahí está, como si de una tomadura de pelo se tratara y sin saber a quién o quiénes se lo hemos de demandar, el caso Pujol. Nos enteramos de las tropelías del molt honorable con el abuelo Florenci en 2014, y ahí sigue sin juzgar una causa que trata de la fortuna oculta durante décadas de una familia que hizo del fraude fiscal y el blanqueo una norma. Ahí está la Gürtel que, como le sucede al porvenir, siempre está por venir y nunca llega. Ahora nos anuncian que se van a ver las piezas separadas que conocimos hace más de quince años. ¡Y hasta veinte! Pero no es así. Los casos Púnica, Lezo, Palau…todos ellos reposan en una carpeta encima de la mesa de un agobiado juez.
Y mientras las macrocausas soportan recursos constantes a base de apelaciones y nulidades que retardan las sentencias, seguimos sin ser capaces de resolver la saturación judicial que se ha hecho consustancial al sistema judicial español. Y así vemos con escarnio cómo comisionistas y rateros que aprovecharon sus cargos para enriquecerse salen de las cárceles a la espera de que sus casos despierten cuando ya nadie se acuerde de ellos ¿Ah, pero no se había muerto? Pues no, querido amigo, no. Por ahí andan más chulos que un ocho. Qué fue de Francisco Granados, de Ignacio González, Jordi Pujol Ferrusola, Rodrigo Rato, Eduardo Zaplana, todos con causas pendientes, pero en libertad. Y no pregunto por Griñán y los ERE, que ya sabemos lo que pasó cuando Conde Pumpido metió sus manos y corrigió al Supremo.
El caso de Zaplana es llamativo porque hay en él un punto de maldad que se torna en tomadura de pelo a unos cuantos periodistas que defendieron su salida de la cárcel por motivos humanitarios. Yo soy uno de esos incautos a los que su entorno le pidió que sacara su situación en la tertulia que dirigía para así llamar la atención de la jueza Isabel Rodríguez Güerola -me acuerdo de su nombre- que se negaba a su excarcelación. Harta, la titular del Juzgado número ocho de Valencia cedió y Zaplana salió de prisión porque padecía una leucemia en fase terminal. Eso me dijeron y eso me creí. Así lleva desde 2018, que salió de la cárcel. Yo le deseo su recuperación total, pero la cara de gilipollas que se me pone cada vez que me acuerdo no hay quien me la quite. Supongo que la de la jueza por ahí debe andar.
Esperando las urnas
Es la misma que se me pone cuando recuerdo como la Guardia Civil encontró en un altillo de la casa del suegro de Francisco Granados una caja un millón de euros en billetes. El suegro, pobre hombre, dijo que igual se la habían dejado ahí unos operarios de Ikea. El otro vicepresidente, Ignacio González, está acusado de malversación, blanqueo, cohecho y organización criminal. Como Granados, también este puede darse sus paseítos por el parque mientras da de comer a las palomas. Y así pasan los días. Esperanza Aguirre escribe en un digital sus artículos semanales dando doctrina y el exministro Jorge Fernández hace lo propio en un periódico en el que habla de sus cosas con una prosa entre municipal y Avemaría. De momento, Ábalos se conforma con filtrar su mercancía. Pero todo se andará.
Corruptos en el PSOE y en el PP, una imagen que apesta e inunda injustamente toda la actividad política. No estoy seguro de que debamos generalizar. No todos lo son. Sólo unos cuantos se aprovechan de ella. Unos terminan sentándose en el banquillo. Otros, con el viento en contra según los sondeos que ayer conocimos, echan cuentas mientras esperan pacientemente las próximas elecciones. Importa poco lo que digan las encuestas. Para qué moverse si las nueces van cayendo lentamente mientras PP y PSOE mueven el nogal.